17 julio 2019
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Llámame por tu nombre: lección de amor

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / febrero . 07, 2018.

Con la nominación del premio Óscar a mejor película del año y otras tres nominaciones relevantes a cuestas, llega a la cartelera poblana Llámame por tu nombre (Call Me by Your Name, Italia/Francia/Brasil/EU, 2017) del director siciliano Luca Guadagnino que, junto con varias decenas de premios obtenidos, muestra el gran valor del cine cuando se gesta al margen de los criterios industriales. Estamos ante una cinta luminosa, encantadora y seductora que invita a la reflexión del primer amor y su papel en la construcción uno como sí mismo.

Es el caluroso verano del 83 del siglo pasado. En un pueblo en el norte de Italia, un acomodado y docto profesor de arqueología recibe, como cada año, a un asistente para sus investigaciones. Este año se trata de Oliver (Armie Hammer),un joven norteamericano recién egresado. El profesor tiene un hijo de 17 años, Elio (Timothée Chalamet), un joven con gran talento para la música clásica producto de crecer con padres académicos educados en el arte y la literatura además de conformar una familia judía de pensamiento liberal. Ello hace que Elio sea sensible y maduro para su edad, pero no por ello ajeno a las inquietudes propias de su edad que le hace pasar buenos ratos con sus amistades, especialmente con una chica. Pero la llegada de Oliver rompe poco a poco ese esquema al grado tal que la relación entre los dos poco a poco se convierte en amor.

Lejos de ser una historia gay que busque ser contestataria a una parte de la sociedad con expresiones de odio a la diversidad sexual, o, por el contrario, hacer una apología del homosexualismo, Llámame por tu nombre explora desde la cotidianidad, sin aspavientos, ni exageraciones o clandestinidades al amor como sentimiento que genera esa fuerte relación con el otro que crea sentido de mundo y construye con ello la personalidad de uno. Basada en la novela homónima de André Aciman, el director Luca Guadagnino construye un bello ensayo sobre el papel de la otredad en el ser uno como sí mismo, planteamiento que George H Mead hiciera a principios del siglo XX y llamó Self. Es la interacción con el otro lo que plantea el sentido de ser y es la intersubjetividad lo que otorga ese sentido de ser para trasformase en el sí mismo que es cada persona. El amor es la forma más fuerte de interacción y de intersubjetividad y que en esta cinta se desarrolla con belleza y maestría.

El planteamiento narrativo desde la cotidianidad, que esconde significados esenciales para esa construcción del ser, recuerda a la Nouvelle Vage, especialmente a Truffaut y a Rohmer, pero también a los trabajos de los españoles Víctor Erice y Carlos Saura. Una cotidianidad planteada con contrastes visuales, atmosféricos y narrativos que crean la belleza detrás de los personajes centrales y secundarios, en la cotidianidad de un pueblo casi desértico y en una familia atípica pero muy humana. En cada uno de estos elementos podemos apreciar esa belleza surgida desde el amor verdadero, el que está lejano a las impetuosas manifestaciones de las interpretaciones románticas.

Con un ritmo atado a la cotidianidad, con actuaciones también cotidianas que destacan, especialmente la del joven actor Timothée Chalamet, Guadagnino ha creado una pieza maravillosa que supera las posturas a favor o en contra de la preferencia sexual para llevarnos al camino del encuentro entre humanos basados en el respeto, la compresión pero también en los miedos, las perversiones, el sufrimiento y la confusión, todos ellos, al final, componentes para el amor.

Destacan el sentido reflexivo de sus diálogos que, surgidos en la espontaneidad de esa cotidianidad, amalgaman escenas llenas luminosidad, como el del comprensivo padre que plantea a Elio que el tiempo y la acción tienen sentido cuando el amor se presenta y sería absurdo no atreverse a hacer las cosas por temor: “Sólo nos dan un sólo corazón y un sólo cuerpo. Llega un momento en que el corazón se cansa... y en cuanto al cuanto al cuerpo, llega un tiempo en que ya nadie lo quiere mirar o acercarse a él.”

Sin duda, una de las mejores cintas que podremos ver en algún tiempo donde el cine comercial monopoliza la pantalla grande. Llamar al otro por el nombre de uno es reconocerse en aquél, es saber que el otro es uno, y uno es el otro. Qué más grande lección de amor.

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