21 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

Llegó el circo

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / enero . 06, 2018.

¡Atención, ambulancias y patrullas! ¡Disturbios en la ciudad! ¡Diríjanse de inmediato a la zona en conflicto! ¡Cambio y fuera!

— ¡A ver, abran cancha! Nosotros policías ¡Qué paso aquí!

—Permítame que le explique, comandante, yo que soy el más afectado de las víctimas. Cómo no, con mucho gusto me identifico: Juan Pueblo, nativo de los suburbios fregadones de esta digna ciudad de Zaragoza. Soy el propietario del “Gran Circo Puebla Ciudad Mágica”, que administro bajo mi nombre artístico Mister RVD, apenas dos décadas de tradición tiene mi changarro, comandante, y mire nomás la desgracia que nos vino a acomodar el culto público de esta ciudad.

—Y en cuanto estima el desmadre, o sea sus daños señor RVD?

— Ay, capitán, ¡como calcularlos así, a ojo de buen cubero? Varias familias decentes nos hemos quedado ora sí que a la mitad del arroyo y a la buena de Dios, como luego dicen.

— ¡A ver usted, el payaso! ¿Qué tiene que declarar?

-              Cuál payaso, qué pasó, mi comandante. Yo soy el Águila Humana. Lo que traigo en la cara es pura sangre. Me tumbaron cuatro dientes y dos eran de oro, señor.

-              Lo hicieron dar el triple salto mortal de un madrazo entre pecho y espalda

-              ¡Aguas con el barbón! ¡Que no huya! Hablen macanas señores “madrinas”, porque me late que el barbón es porro, o sea de gran calibre. Todos los barbones son terroristas.

-              ¡A ver, marxista! ¿Quiénes son tus contactos en el cerro de Amalucan?

-              ¡Por la purísima Consecución, por su mamacita! ¡Yo no soy porro, qué voy a ser! ¡Yo soy la mujer Barbada!

-              Eso que le valga, señito. A ver, abran cancha, que no tardan en llegar las ambulancias. Aguas con esos perros sarnosos, no los vayan a miar.

-              ¡No los macanié, comandante! ¡Son Tito y Leovigildo, nuestros leones africanos!

-              Ese otro animalito es la hiena Risaldina, y cómo no va a traer rabia si hasta la risa le quitaron a madrazos abriéndole un labio leporino hasta la altura de las orejas.

-              ¡Ah, jijos! ¿Y ese otro monstro no muerde?

-              “Estoy así por un castigo de Dios por haber desobedecido a mis padres en un Jueves Santo…”

-              Ya, Tencha, deja de hacerle a la Mujer Caimán. Te vamos a sacar de ese disfraz, no vaya a haber otra tanda de fregadazos, y tú arrastrándote de codos en el pavimento. Una manita, plis para sacar a Tencha del zurrón caimanero. ¡A la una, a las dos y a las…!

-              ¡No, que debajo del disfraz ando a raíz!

-              Abran cancha a las ambulancias. A ver, compañero, cárguese con los más madrificados.

-              ¡Y en concreto, mi estimado, usted a quién va a acusar?

-              A la mala suerte, señor. A los inescrutables designios del cielo…

-              ¡Momento, señores! No, señor empresario. Nada de mala suerte. Mire, comandante: nosotros, fuimos los culpables; todos los que ve aquí, vecinos de esta colonia, estamos dispuestos a pagar aquí al señor cirquero hasta el último quinto, con curaciones y todo.

-              Sí cierto: pagarle hasta la risa de su hienita…

-              Ya anda una comisión de vecinos haciendo una coperacha casa por casa, para pagar los daños. Es que estamos tan mortificados.

-              Bueno, sí, pero van a tener que acompañarnos a la delegación.

-              Lo acompañamos, no faltaba más. Si viera lo avergonzados que estamos por haber perjudicado aquí a estos pobres cirqueros…

-              ¿Por qué, entonces, les acomodaron semejante tisniza, que hasta parece los agarró la guardia blanca?

-              Mire, comandante. De plano. Total, que el daño ya pesa en nuestra conciencia. En nombre del vecindario comparezco y declaro: Hoy, después de misa, cuando de repente oímos la música de los cirqueros. Y que vamos viendo el payaso este, y el león africano. ¡” Ahí llegan ya esos jios. Y que todos corremos a pepenar lo primero que encontramos: piedras, palos. Aquí el Churrumáis, se desamarró su pata de palo, y de cojito. El primer patazo fue para el Águila Humana, qué pena.

-              Bueno, sí, ¡pero motivo, causa u razón de la chingamusa?

-              Pues cuál ha de ser: que a estos pobres cirqueros los fuimos a confundir con los diputados morenovallistas. Dijimos: ¡Aguas! ¡Ahí vienen haciéndose los payasos a lambisconearnos el voto, prometiéndonos la mar y sus pescaditos, siendo que no nos cumplieron y sí nos robaron.

-              Fue así, comandante, como nosotros, creyendo que se trataba de morenovallistas, les mandamos el primer toletazo de faul a la boca del estómago. De veras que fuimos majes, ¿no, comandante?

 

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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