22 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

2018: México en crisis

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / diciembre . 30, 2017.

La nación entra a otra etapa de augurios no sanos ni de beneficio alguno para el pueblo, porque la carrera por la disputa por el poder, de parte de personas y grupos incrustados en algo que se llamaron “partidos políticos”, intentará hipnotizar al votante, para hacerse del poder.

Nación descobijada de derechos constitucionales, sin leyes que le protejan de toda arbitrariedad e injusticias que cometen los amos en el poder. Cada uno de ellos esgrime que buscan el desarrollo nacional; sin embargo, sus actos dicen todo lo contrario. Cada paso que dan, dejan profundas huellas de corrupción, que se traduce en pobreza a millones de ciudadanos. Se saben que, gracias a la impunidad, los hace intocables, más no invisibles. Es tal su soberbia, que ellos mismos se creen los mesías de una nación sumida en la incertidumbre, con el hambre a flor de piel; con crímenes contra ciudadanos que apelan o exigen sus derechos.

Hoy encontramos que la Revolución de 1910, con todo lo que se intentó formar en beneficio de un pueblo, creando una Constitución que causaba envidia internacional, con la llegada de los tecnócratas al poder, su razón de ser, no sobrevive para ellos, se encuentra arrumbada en las mazmorras de la incongruencia de una estirpe apátrida que nada los identifica con un quehacer histórico social; vamos, carentes de dignidad, porque corresponden a un sentimiento anglosajón.

Precisamente, la política educativa marginal, somete a un pueblo a la ignorancia, a crear analfabetas funcionales, autómatas. El punto crítico para las castas divinas en el poder, que no descubren que su perversidad, deriva en injusticia social, siendo el pueblo quien exige se respeten sus derechos, que no sean violados.

Si en los meses inmediatamente anteriores a este año, notamos, por un lado, una inédita insistencia respecto a la hipocresía masiva hacia la cual la tecnocracia derechista arrastra al país, a causa de la distancia enorme constatable entre las proclamas y la realidad; y, por otro, respecto a la multiplicación de las funciones de control, que llegan hasta la introyección de la función de “policía” en cada ciudadano, hasta la transformación de cada individuo en un potencial “legislador”. La unidad de la idea de una masiva y planificada presión sobre las “personalidades”, apoyada en el terrorismo de estado. Éste se identifica entonces con el nuevo nivel de presión ejercida por el Estado sobre la vida de los individuos. Se refiere en suma no sólo a las situaciones de encarcelamiento sino al control de la vida de las masas, gracias al cual la tecnocracia pretende realizar una gran transformación antropológica, cambiar estructuralmente las coordenadas de la vida asociada, introduciendo en la intimidad de los hogares la sospecha y el miedo; pero también estimulando a cada individuo a vivir con creatividad esta nueva función suya, alimentando un protagonismo de las masas que, si bien con formas alteradas, “imita” el protagonismo de la democracia.

2018 está marcado por protagonismos híbridos, iniciando por Antonio Meade, quien, en sus expresiones ante supuestos ciudadanos, mediante la propaganda, advierte que es un candidato sin partido; pero eso sí, en momentos, dice agradecer al PRI, al PVE y al Panal, de que, bajo sus banderas, él es el iluminado. En cuanto a Ricardo Anaya y su alianza con el PRD, PAN y MC, se dice bendecido por y para ocupar el poder, porque él representa la anticorrupción, misma que combatirá: mañosamente margina y excluye el pasado reciente de todos y cada uno de los gobernantes panistas saturados de corrupción. Andrés Manuel López Obrador, una vez más, busca, bajo su consigna de la “Esperanza”, convocar al electorado.

 

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rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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