22 mayo 2019
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Cuando los hijos regresan: memoria y persistencia

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / diciembre . 27, 2017.

Somos producto de la historia y de la memoria, así se trate de uno mismo, de la sociedad, de la familia o del propio cine. Tanto historia como memoria se forjan en las experiencias según las dinámicas condiciones sociales y culturales de tiempo y espacio; así que no es lo mismo una familia de principios del siglo XX que una de principios del siglo XXI, y sin embargo mantienen eso que los hace ser una familia. A partir de esta idea, el director mexicano Hugo Lara nos ofrece su ópera prima Cuando los hijos regresan (México, 2017) en clara referencia a un clásico de la Época de Oro del cine mexicano Cuando los hijos se van (Juan Bustillo Oro, México, 1941) y su remake de 1969 (Julián Soler, México) en una búsqueda para actualizar al modelo de la familia mexicana y los valores que la conforman.

Manuel (Fernando Luján) y Adelina (Carmen Maura) son un matrimonio mexicano tradicional, que por décadas ha construido una familia cuyos hijos han volado del nido. La jubilación de Manuel marca el inicio de una nueva etapa en la vida de este matrimonio donde volverán a disfrutar de la vida en pareja solos, uno con el otro… o al menos eso es lo que creen. Por diversas causas, cada uno de sus tres hijos regresa a la casa familiar para sobrevivir a los golpes de la vida, lo que crea situaciones incómodas y absurdas.

Tratando de actualizar el rígido modelo de familia porfirista que retrata Bustillo Oro en su película de 1941, Lara nos presenta una familia de clase media del antiguo barrio de Santa María la Ribera cuyos hijos en plena madurez no logran definir con claridad su sentido de vida como sí lo hicieron sus padres en su momento. Infidelidad, ambición, esnobismo, egoísmo e inmadurez es lo que caracteriza a esos hijos que se oscilan entre los 30 y 40 años de edad. Cuando la vida les cobra tales características, en lugar de afrontar la situación, deciden refugiarse en casa de sus padres. En la escena final de la versión de 1941, el padre de familia, ahora abuelo, dice “hay que agrandar la mesa” puesto que se alegra de recibir a su familia. En Cuando los hijos regresan Manuel desea que la mesa se achique para no tener que lidiar con sus hijos incapaces de ser independientes.

Esa característica que provoca familias disfuncionales y también la transformación del modelo de familia es la que vive la sociedad mexicana actualmente y contribuye de alguna manera al debilitamiento del tejido social. La reflexión sobre la herencia del modelo porfiriano de familia, como lo hiciere en su momento con gran acierto Alejando Galindo con Una familia de tantas (México, 1949) como respuesta a la cinta de Bustillo Oro es necesaria, pero Hugo Lara, tal vez por ser su primer largometraje, se siente tímido en el abordaje. El guion de Cuando los hijos regresan se queda a medias con personajes un tanto esquemáticos a pesar de la gran pareja de actuación de forman Luján y Maura, que retratan con bastante consistencia y hasta con cariño a esa pareja de abuelos inseparables que muchos conocemos. Sin embargo la historia se queda casi en la anécdota pues está ausente del contexto histórico y social que incide en toda construcción narrativa.

Reflexionar sobre la familia, sus modelos, y su pertinencia en la actualidad es acudir a la historia y a la memoria, como Hugo Lara acudió con el cine. Es reflexionar sobre el presente para poder ver el futuro. Tal vez eso le faltó a Lara. Cuando los hijos regresan es una película para pasar un buen rato y tal vez, sólo tal vez, poderse ver retratado en ella. La persistencia de la memoria.

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