19 julio 2019
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La Moviola

Invitados pero no bienvenidos

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / diciembre . 13, 2017.

En 2015 el informe anual de riqueza mundial de CreditSuisse afirmó que el 1 por ciento de la población posee la misma riqueza que el otro 99 por ciento. Este informe muestra la injusta repartición de la riqueza, pues mientras hay unas cuantas familias que a lo largo de su vida no lograrían gastar siquiera el 1 por ciento de su fortuna, más de la mitad de la población mundial no puede satisfacer a plenitud las necesidades básicas de vida a causa de la depredación de los más ricos. ¿Qué pasaría si por azares de destino una de esas personas con limitaciones económicas tuviera una cena íntima con uno de esos ricos del 1 por ciento? Esta es la situación que nos plantea el largometraje independiente, y por lo tanto de distribución limitada, Una cena incómoda (Beatriz at Dinner, EU, 2017) de Miguel Arteta (Puerto Rico, 1965), escrita por Mike White y estelarizada por Salma Hayek y John Lithgow.

Beatriz (Salma Hayek) es una mexicana que sobrevive en California practicando medicina alternativa en un centro de curación de cáncer. Melancólica por la cultura de su pueblo natal en la costa atlántica de México y llevando una vida solitaria, Beatriz se queda accidentalmente varada en la casa de Kathy (Connie Britton), una de sus clientas, quien esa noche ofrece una cena de negocios con Doug (John Lithgow) el gran socio y cliente de su esposo, cena a la que Beatriz es invitada cordialmente. Doug es el dueño de una poderosa cadena hotelera cuyas acciones dejaron en la pobreza al pueblo de Beatriz, causa por la que tuvo que migrar a los EU abandonando a su familia. La actitud de Doug es la de un hombre confiado en sí mismo, que presume de su poder económico y político en varios países que, sin importar la ecología, la cultura y la economía de los lugares donde interviene, es capaz de lograr sus ambiciones empresariales ya sea corrompiendo a las autoridades locales o mediante la represión social. Inclusive Doug presume de sus logros como cazador de grandes especies, actitud que molesta a Beatriz quien interviene en la cena con fuertes cuestionamientos a Doug. Finalmente la cena se torna tensa a causa de ella, quien fue invitada, pero no es bienvenida.

 

 

Contemporánea a la política discriminatoria e invasiva de Trump, el director plantea la imposibilidad de un diálogo entre las dos partes a partir de sentimientos y emociones opuestas producto de vivir dos realidades muy alejadas una del otro. Mientras la realidad de la migrante mexicana es de nostalgia con una sensación de abandono ante la agresividad de la vida altamente competitiva, incomprensiva e inhumana de la ciudad norteamericana para penas tener para vivir con cierta dignidad; la realidad del mundo de los grandes magnates, de ese 1 por ciento de la población mundial, es la de una aparente felicidad a partir de su inteligencia al servicio de los negocios que le proporciona una vida cómoda y sin grandes conflictos. Mientras no se compartan las realidades no podrá existir diálogo alguno. Es la realidad la que construye la experiencia de mundo, experiencia que no sólo es conocimiento, son, sobre todo, emociones y sentimientos los que constituyen la esencia de la personalidad. Mundo que se construye a partir de las emociones por la experiencia y con ello la manera de apreciarlo o despreciarlo. Pero el mundo está interconectado, de manera que todas las acciones afectan todas las realidades, como las acciones de Doug que afectaron la realidad de Beatriz.

Salma Hayek se ha caracterizado profesionalmente por dos cosas: por su atractiva belleza y por no interpretar papeles que no denigren la imagen de los mexicanos. Para dar vida a Beatriz, esta ocasión Salma renunció a su primera característica para reforzar la segunda. Así, la actriz mexicana nos presenta a una mujer desaliñada, sin maquillaje, un poco pasada de peso. A cambio, refuerza su mexicanidad ante la vida sajona hablando español en ciertos momentos y mostrando elementos culturales como la canción que interpreta melancólicamente durante la sobremesa. En esta escena, la fuerza emocional de la interpretación de la Hayek logra una escena delicada por con mucho impacto, que nos hace sentir que se comienza a establecer una conexión emocional entre Beatriz y Doug que podría propiciar las coincidencias necesarias para un diálogo constructivo, esa analéctica que Enrique Dussel propone como solución para la liberación y posterior construcción de un mundo compartido. Sin embargo, la distancia de ambas realidades los regresa a la realidad inmediata, y a nosotros también. Nos regresa a la idea de la confrontación polarizada entre discriminación y venganza. Tanto Salma Hayek como John Lithgow hacen un gran trabajo histriónico que ya les ha merecido algunas nominaciones.

Una película que debemos ver para comprender que, más allá de los actos de discriminación, incomprensión e inhumanidad por la feroz ambición del poder económico que ha provocado la gran injusta repartición de la riqueza en el mundo y el deseo de venganza que ello implica en las víctimas de esta situación, podría resolverse si logramos experimentar el mundo desde realidades coincidentes y entonces, y sólo entonces, compartimos una cena. Entonces los invitados si serían bienvenidos.

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