25 septiembre 2018
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¡Madre!: el grito visceral de Aronofsky

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / octubre . 05, 2017.

Repentinamente llegó un destello fulminante a mi mente mientras, fascinado, trataba de develar las imágenes y las situaciones extremas de la nueva película de Darren Aronofsky ¡Madre! (Mother!, E.U., 2017), y se trata de la película de Luis Buñuel El ángel exterminador (México, 1962). Sin ánimo de compararlas podemos hallar un paralelismo entre estas películas: el encierro en una casa, la invasión de extraños a esa casa pero recibidos cordialmente, la desesperación por salir de ella sin poder hacerlo, el caos y, por supuesto, el surrealismo.

Totalmente polémica, esta cinta fue abucheada y aplaudida por igual en la edición de este año del Festival Internacional de Venecia. Ciertamente no estamos ante la mejor película del director neoyorquino, pero tampoco tiene desperdicio. En descargo de este gran filme podemos decir que toda gran obra tiene más de una lectura y que tales se encuentran en, al menos, tres niveles de interpretación. Llena de imágenes crípticas y referencias a la biblia y comportamientos humanos, el surrealismo renovado con que Aronofsky nos trae una interpretación personal y muy visceral de la consecuencias de las acciones del hombre moderno en el mundo.

 

La primera lectura de Mother! es la más evidente, la que vemos en el trailer presentándola como un thriller psicológico. Lectura a la todos acceden y muchos se quedan ahí con sorpresa y molestia. Tal es la historia de un matrimonio conformado por un escritor maduro (Javier Bardem) y por su muy joven esposa y musa (Jennifer Lawrence) que viven en una casa alejada de todo y de todos. Ellos pretenden tener una vida llena de amor y privacidad, especialmente ella, pero el arribo de un intruso (Ed Harris) una noche cualquiera, de la esposa de éste (Michelle Pfeiffer) al otro día y la de sus dos hijos posteriormente, rompe por completo tal anhelo. Y no sólo eso, la pelea mortal de los hijos por la herencia paterna crea una atmósfera de pesadilla en la joven esposa, que sólo quiere tener una vida plena y privada con su marido al que ama demasiado. El embarazo de ella y la súbita creación de un gran poema de él, atrae más gente desconocida a esa casa hasta llegar al caos total donde fanatismo, idolatría y violencia termina por destruir bajo las llamas la casa de sus sueños.

Vista así, la historia suena exagerada y poco coherente. Pero hay otro nivel de lectura que muchos también son capaces de ver y que requiere de echar a andar esa capacidad simbólica que nos hace humanos. Se trata de la interpretación personal de Aronofsky de la biblia, especialmente de los libros del Génesis y del Apocalipsis así como referencias claras a la natividad y a la última cena. Así, el escritor es Dios y para que no haya duda, Aronofsky se refiere como Him (con mayúscula) en los créditos mientras que ella es mother (con minúscula), pues es la madre naturaleza. Los intrusos son Adán, Eva, Caín y Abel, y la casa es el Paraíso. Él es un creador y el fanatismo, la idolatría y la ignorancia llevan a la muchedumbre irracional matar al hijo de ambos y a destruir el paraíso... el mundo. Ella, la madre naturaleza, harta y molesta, termina con todo y con todos, menos con Él.

Otra lectura es la más simbólica, la que está relacionada con el director y su visceral reacción a lo que estamos haciendo con el planeta y con la naturaleza, un grito simbólico y muy fuerte hacia nosotros, las células cancerígenas que están terminando con el mundo. En la rueda de prensa donde presentó esta cinta, Aronofsky declaró "Como especie nuestro impacto es peligrosamente insostenible pero seguimos viviendo en un estado de negación de perspectivas (...). Una mañana me desperté con este sentido de angustia e impotencia y vi esta película surgir como un sueño delirante". Finalmente Aronofsky no está hablando de Dios y de la madre naturaleza en esta película, está gritando, con imágenes fuertes, chocantes, simbólicas y cargadas con un gran surrealismo buñeliano, nuestra estupidez y egoísmo.

 

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