21 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

A 150 años

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / septiembre . 18, 2017.

El 14 de septiembre de 1867, en Hamburgo, fue publicada la primera edición de El Capital escrito por Karl Marx, principal arma de los trabajadores del mundo en la lucha por el comunismo.

Analizando toda la compleja estructura del modo de producción capitalista, Marx va explicando la mercancía, el valor de uso, el valor de cambio, el dinero, la circulación simple, la transformación del dinero en capital y el proceso de valorización que sólo es logrado por la fuerza de trabajo, por la plusvalía, por la explotación.

Es la clase obrera la que entrará al capitalismo y construirá la nueva sociedad socialista-comunista esencial de esta obra de Marx.

El capitalismo ha cambiado notablemente durante el siglo y medio desde que Marx escribió El capital. Es ahora un sistema que envuelve a casi todo el planeta, y el rol de las finanzas ha crecido enormemente durante las últimas décadas. El mundo, y mucho de lo que nos incumbe como portadores de “identidades múltiples y fragmentadas”, parece tener poco que ver con la situación elemental de la que se ocupa el Tomo 1 de El capital: la expansión del capital por medio de la extracción de plusvalor a los trabajadores en el proceso de producción mismo.

El hecho de que hoy el mundo parece muy distinto del que nos vemos confrontados al leer El capital sencillamente no implica que el libro se haya vuelto irrelevante, o siquiera menos relevante, que cuando fue escrito. El mundo también parecía muy diferente cuando Marx lo escribió, y él estaba agudamente al tanto de estas diferencias. Por ejemplo, destacó en el Tomo 2 que “el no ver en el carácter del modo de producción la base del modo de intercambio que le corresponde, sino a la inversa, está muy de acuerdo con el horizonte intelectual burgués, donde sólo se piensa en hacer negocios”. No obstante, él insistió en que la relación en el mercado entre el comprador y el vendedor de la fuerza de trabajo (el capitalista y el trabajador asalariado) “se apoya, por su fundamento, en el carácter social de la producción, no en el del modo de intercambio; éste surge, por el contrario, de aquél”.

La cuestión no es por lo tanto si el capitalismo ha cambiado desde los tiempos de Marx, o ni siquiera si los cambios son grandes e importantes. La cuestión es: ¿cuál es la importancia del hecho de que las cosas se ven bastante diferentes de como las presenta El capital?

Marx anticipó este tipo de objeción, y la respondió como sigue: “el economista vulgar cree que hace un gran descubrimiento cuando contra la revelación de conexión interna proclama orgullosamente que las cosas tienen una apariencia completamente distinta. De hecho, se enorgullece de reptar ante la apariencia y toma ésta por la última palabra. ¿Qué falta puede hacer entonces la ciencia?”. No estaba tratando de proporcionar un comentario sobre la sociedad capitalista que se “aferrara a la(s) apariencia (s)” describiendo sus partes componentes y relaciones al modo en que “las cosas se ven” en la superficie de la sociedad. Estaba comprometido en cambio con la “ciencia” —la “revelación de (las) conexión(es) interna(s)” entre las partes y sus relaciones aparentes.

Creo que este punto de vista es especialmente pertinente hoy, cuando eventos como la reciente crisis económica global y otros defectos del capitalismo son regularmente atribuidos a la codicia de los capitalistas o al impulso “neoliberal” a desmantelar todos los obstáculos que se oponen en el camino de permitir que los ricos se vuelvan aún más ricos. El subtexto es claramente que los defectos del sistema actual pueden ser arreglados reemplazando las personificaciones vigentes del capital por un régimen antineoliberal que tenga un conjunto diferente de prioridades.

Hoy, quienes están conduciendo el sistema en cualquier momento particular no están realmente en control de la situación. Lo que está realmente en control son las “leyes de la producción capitalista”. Las personificaciones individuales del capital —y esto incluye personificaciones atípicas tales como capitales estatales y empresas gestionadas por sus trabajadores— deben adecuarse a estas leyes o renunciar a su “control”. La ley más importante es la “ley del valor”, la determinación del valor por el tiempo de trabajo. Obliga a las empresas, quien sea que las posea o “controle”, a minimizar los costos para mantenerse competitiva y, por lo tanto, a despedir a trabajadores ineficientes o innecesarios, acelerar la producción, mantener condiciones laborales inseguras, producir en pos de la ganancia en vez de producir para las necesidades, etcétera. Si estás en un sistema capitalista, no podrás lanzar así nomás una directiva de producir para las necesidades, o una para abstenerse de despedir trabajadores. Disminuir los costos es la clave de la supervivencia. Poner a gente diferente con diferentes prioridades en el “control” no deshace esta ley o el orden de leyes de la producción capitalista. Los defectos del sistema van a persistir hasta que estas leyes se desmantelen.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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