17 octubre 2018
El Popular

Ronda política

El desgobierno de lo público

Por Maribel FLORES . / agosto . 01, 2017.

 “La corrupción acompaña al poder, como la sombra al cuerpo.”

Alejandro Nieto.

La corrupción política constituye el principal problema para el buen funcionamiento de un régimen democrático, debido a quela política se ha convertido en la actividad humana más desprestigiada en nuestros días. Cuando para los políticos la política representa un negocio lucrativo con relativa facilidad de corromper un sistema político y patrimonializar los recursos públicos que están en manos de pocas personas, se pierde el sentido del interés general. Por eso el desgobierno de lo público.

Escribir sobre un asunto de interés general, que en realidad ya a muy pocos sorprende o importa es complicado; sin embargo, es necesario hacerlo porque la democracia se nutre de la opinión de la cosa pública y de la información que podamos compartir y comentar.

El desgobierno de lo público (2013), que desde la mirada de Alejandro Nieto se aprecia como una degradante forma de ocupar al Estado para favorecer intereses privados, deshaciéndose de la protección de los intereses públicos para solo salvaguardar los propios, se constituye como una profunda desviación de la esencia de la política, muy diferente a la forma como la pensaron los griegos (la búsqueda del bien común) o la gestión de los conflictos sociales (Vallès, 2007).

Siendo ahora conocida como la fórmula para el enriquecimiento lícito o ilícito de unos cuantos, tal como es percibida por buena parte de los ciudadanos que, en este país y otros democráticos, han optado por despreciar la política porque la piensan como algo deshonesto, perverso, corrupto, cuando en realidad, es una actividad humana que practicamos todos los días, ya que su significado va más allá de votar en las elecciones. Hacer política es una construcción social que nos permite llegar a acuerdos, resolver problemas comunes y regular nuestra vida pública, buscando mantener la cohesión social.

Normalizar la corrupción y no verla como un problema grave en la sociedad nos hace presos no solo de la injusticia, sino de una considerable pérdida de valores sociales; pensar que la corrupción es solo producto de los malos gobiernos es impreciso, ya que es un problema que todos podemos generar. La corrupción es sistémica porque existe en la política, empresas, medios de comunicación, iglesias, Organizaciones no Gubernamentales, e incluso en el deporte. Paradójicamente, siendo tan visible con el elevado uso de la tecnología que existe, las sociedades se han mantenido hasta cierto punto indiferentes ante la corrupción. Si bien han destacado escándalos que han llamado la atención de los medios de comunicación y la sociedad, parece que nos estamos acostumbrando a la corrupción, considerándola como algo inherente al cuerpo social, que es parte de nuestra esencia y que nada podemos hacer.

La corrupción afecta a todos los miembros de una sociedad, sus instituciones y sus relaciones, por eso es fundamental que la ciudadanía tenga mayor conciencia sobre el papel y el poder que tiene el conjunto de ciudadanos para cambiar su sistema político. Los jóvenes mexicanos representan más del 30 por ciento de la población que puede votar (18 a 29 años), por lo que se espera que sean ellos los agentes de cambio que aceleren el impacto de la política nacional anticorrupción, no solo eligiendo a los más de 1,000 cargos de representación política en el 2018, sino incidiendo desde sus propios entornos en el desarrollo del país con integridad y civilidad en los sectores público, privado y social.

Transitar hacia un modelo de gobernanza en el que las relaciones entre gobernantes y gobernados ya no estén limitadas por la dependencia o imposición sobre las decisiones públicas, favorecería la interdependencia entre diversos actores que la construyen conjuntamente en un contexto democrático, como resultado de la colaboración entre gobiernos, empresas y sociedad civil organizada. Pensamientos como “todos son iguales” o “ya sabemos que todos roban, pero por lo menos que hagan algo” no abonan a la transformación de nuestra cultura cívica ni del destino de nuestra vida pública. Construir una sociedad decente, honesta, íntegra, confiable, implica interés, voluntad, disposición por hacerse cargo de lo que nos toca a cada uno. En el combate a la corrupción (antes, durante y después de una elección) y en la vida cotidiana de todas las personas está la ciudadanía; fortalecerla es crucial.

@floresm_mx

info@reconstruyendociudadania.org

*Profesor de Tiempo Completo del Tecnológico de Monterrey

Te puede interesar