17 julio 2019
El Popular

De frente y de perfil

¿Quién mandó a Zamora?

Por Ramón ZURITA SAHAGÚN. / junio . 21, 2017.

¿De verdad son solamente priistas de café los que intentan dañar a un partido como el Revolucionario Institucional o será el propio partido y sus dirigentes los que lo han hecho y hoy lo tienen al borde de dejar el poder que recuperaron tras doce años de ausencia?

Y es que 89 priistas, algunos de ellos que en el pasado reciente fueron relevantes, presentaron un pliego de peticiones con rumbo a la 22 Asamblea, entre las que destaca terminar con el llamado dedazo, la forma tradicional en que se elige a los candidatos a cargos de elección popular, esencialmente al abanderado a la presidencia de la república.

La propuesta conlleva el que todos los cargos de elección popular se hagan por consulta directa, algo que no exigieron estos mismos personajes cuando les tocó a ellos ser candidatos a gobernador, diputados o senadores.

Los proponentes de esto, se olvidan que las dos ocasiones en que el PRI recurrió a la consulta para elegir candidato presidencial, son las mismas dos que perdieron la elección presidencial.

Francisco Labastida Ochoa y Roberto Madrazo Pintado emergieron como candidatos presidenciales de una consulta directa y abierta a todo ciudadano en 1999 y 2005 y fueron barridos en la contienda electoral.

Sin embargo, ellos pretenden recurrir a ese método, por lo que su reunión causó escozor entre los priistas, sobre todo cuando alertan sobre la posibilidad de que los priistas se decidan por un candidato presidencial ajeno al partido, con dedicatoria especial para el secretario de Hacienda, José Antonio Meade.

Los 89 priistas considerados de café no tardaron en obtener respuesta, proveniente del dirigente del sector popular priista, Arturo Zamora Jiménez, quien consideró como palabras viscerales de políticos que se reunieron a tomar café, para criticar y dañar al partido, ya que sus palabras están expresadas desde la frustración.

Directo y contundente, sin misericordia, fueron las palabras de Zamora Jiménez, lo que deja en claro que los priistas no están decididos a negociar, pactar o discutir la decisión que tome el presidente Peña Nieto sobre la sucesión presidencial.

Claro que para amortiguar el golpe, mandaron a la secretaria general, Claudia Ruiz Salinas, para aclarar que en la Asamblea se podrán discutir los temas, aunque ya las palabras del dirigente cenopista calaron en el ánimo de ese reducido grupo de priistas que están dispuestos a dar la batalla.

Pero no son los 89 militantes del PRI que se reunieron a tomar café los que tratan de dañar al partido, han sido los propios dirigentes y gobernantes surgidos de ese organismo político los que lo han hecho desde algún tiempo.

Son aquellos malos gobernantes que han sido repudiados por la sociedad, que han robado descaradamente, que se han burlado del pueblo y que muchos de ellos se pasean impunemente por todos lados, los que han causado el deterioro del partido tricolor.

Antaño los ciudadanos toleraban ese tipo de acciones, principalmente si los gobernantes robaban al estilo Layin, pero dejaban obra y se quedaban a vivir en el estado.

Eran tiempo pasados en que los priistas se sucedían uno tras otro en los gobiernos estatales y presidenciales, sin  asomo de posibilidad de victoria de un partido de oposición.

Ahora los ciudadanos ya no perdonan, ni toleran los abusos, robos, saqueos y malos gobernantes, razón por la que los priistas van perdiendo espacios para gobernar.

Un ejemplo de lo anterior es lo sucedido en los 12 estados en que se realizaron comicios estatales en 2016.

De esos estados, en siete de ellos perdieron por razones diversas, pero especialmente por los abusos, saqueos y mala administración de los entonces gobernantes.

Javier Duarte de Ochoa y Roberto Borge Angulo, gobernadores priistas de Veracruz y Quintana Roo, se encuentran en prisión y César Horacio Duarte, de Chihuahua es prófugo de la justicia.

Son tres de los siete estados que perdió el PRI. Egidio Torre Cantú, Tamaulipas; Jorge Herrera Caldera, Durango; y Carlos Lozano de la Torre de Aguascalientes, gobernantes de los otros estados en que perdió el PRI y se produjo la alternancia, han sido señalados por diversas cosas que van desde beneficios, abusos, omisiones y apatía para gobernar.

Esas son causas reales del deterioro del Partido Revolucionario Institucional y no las supuestas conspiraciones de café o reuniones que buscan desacreditar a ese partido.

Lo curioso de esto es que Arturo Zamora siempre ha sido un político correcto, por lo que resulta absurdo de su parte o de quien lo haya enviado a descalificar a los convocantes que lo hiciera de esa manera.

Por el tenor de sus palabras surgen dudas sobre si actuó motu proprio o fue mandado por Enrique Ochoa o Emilio Gamboa para responder de esa manera.

El insípido Ochoa Reza

Poca es la atención que se pone sobre la presencia pública del dirigente nacional priista, Enrique Ochoa Reza.

Ayer, por la mañana, entró el priista al restaurante del hotel Marriot, donde se encontraban diversos personajes de la política y de la vida empresarial y si acaso un lejano saludo del priista hacia Juan Ignacio Zavala y otro al priista Humberto Lepe. De ahí en adelante nadie se paró a saludarlo, ni siquiera lo hizo él.

Por ahí se encontraba el empresario sinaloense Eustaquio Nicolás y el aspirante presidencial independiente y senador Armando Ríos Piter, entre otros.

Sucede que el dirigente nacional priista no entusiasma a nadie y menos ahora que se menciona que no pasará de la Asamblea priista su tiempo como presidente del partido tricolor.

email: ramonzurita44@hotmail.com

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