22 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

Farsa humanitaria

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / junio . 03, 2017.

El capitalismo salvaje, aunado a un sistema político, económico y de gobierno mexicano, saturado de corrupción e impunidad, que es la panacea de sus jugosas ganancias, burlan las leyes, o las acomodan a su modo, para someter a la nación a su libre albedrío. Bajo el esquema neoliberal que nos conduce al fracaso rotundo, siendo ese camino tortuoso e injusto su propio Némesis.

Pues bien, tenemos en México a nuestro Némesis, porque Enrique Peña Nieto, en sus ansias por conducir a la nación en el tenor tecnócrata, arroja una miseria y pobreza social, como también política, sin parangón. Claro que no está solo, porque, insisto, es resultado de la corrupción e impunidad con la que actúan los cleptócratas y oligarcas de toda estirpe en esta especie de país.

Un Peña Nieto que arrastra al presidencialismo hacia la desintegración del mismo, en el entendido de que su actuar, es la síntesis de la aberración tecnócrata, en cuanto a que su discurso es una aparente sin lógica de justicia como tampoco de democracia, que se maneja con arbitrariedad, arrinconando a la justicia y a la dignidad, despojando al pueblo de la misma, permitiendo que el capitalismo salvaje imperialista y criollo, ser bandoleros del destino de nuestro pueblo.

Cuestionar a un Trump por su juego perverso en el manejo de su política protectora del capital, es también sumar a nuestros prominentes criollos apátridas, quienes se someten al poder, sometiendo al pueblo. Según Peña, México se va recuperando de la crisis económica y petrolera, misma que nos separa de una inestabilidad financiera, pero, en los hechos, es lo contrario porque el pueblo padece cada vez más la misma crisis. Es tal el cinismo, que empresarios nacionales y trasnacionales inundarán con miles de millones de dólares y cientos de miles de ofertas de empleo… a cambio de exenciones de impuestos, mano de obra barata y protección a sus megaproyectos.

Las inversiones, proyectadas para los próximos 15 años, implican el desarrollo de obras en regiones indígenas y mestizas. Los entramados jurídicos federal y estatal están listos para legalizar cada “proyecto de inversión”, aunque los pobladores locales hasta la fecha no saben del destino que les depara a sus tierras ni de los proyectos que en las próximas semanas y meses se les impondrán. Claro es la tendencia, en cuanto a que se fijan los intereses en las llamadas Zonas Económicas Especiales, donde cada zona será “un área delimitada geográficamente donde se ofrece un entorno de negocios excepcional”. Los privilegios son de cuatro tipos: beneficios fiscales, un régimen aduanero especial, marco regulatorio “ágil”, infraestructura “competitiva” y programas de apoyo.

Beneficios que se traduce en despojos a campesinos e indígenas, sin futuro real para sus vidas, al contrario, la pobreza será su mayor cobija.

Agreguemos que dicho desarrollo, arroja beneficios mineros, energéticos (gasoductos, campos de explotación de petróleo y gas, así como el llamado fracking), de infraestructura (carreteras, autopistas y aeropuertos), turísticos y agroindustriales (siembra de organismos genéticamente modificados) se cuentan en ese rubro. Bajo el esquema de favorecer al gran capital, no a los pueblos

A ello se suman la privatización y el saqueo de los recursos naturales (como la tala clandestina, la explotación irracional de acuíferos y la privatización local de los sistemas de distribución de agua potable), los conflictos por posesión territorial y los movimientos sociales generados por los saldos de la violencia y la inseguridad (desaparecidos, feminicidios). Caso similar lo hizo Rafael Moreno Valle, con robar las tierras a los campesinos de San José Chiapa, donde se instaló la planta automotriz Audi.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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