22 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

Ruptura del tejido social

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / mayo . 06, 2017.

Las comunidades y sociedades humanas no forman una masa amorfa, sino que tienen una estructura, dotada de un orden que también deben guardar sus correspondientes autoridades y poderes autónomos. A su vez, debemos hablar de generar tejido y cohesión social. No de regenerar, esto nos limita mucho. Decía Winston Churchill que el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Los problemas que aquejan al país merecen más que intervenciones relámpago. Necesitamos políticas visionarias de largo alcance que se construyan ladrillo por ladrillo. Hombro con hombro.

El tejido social, que no es otra cosa que eso que los griegos llamaron la res pública (red pública), y que luego por arte y magia del lenguaje derivo en "república". En fin, lo que hoy es la participación protagónica de los ciudadanos (as) en los asuntos públicos de interés común, y más aún: la disposición de éstos (as) de organizarse para actuar en su defensa.

Si algún daño ha producido el discurso neoliberal, alta y mediáticamente potenciado durante los seis sexenios desde Miguel de la Madrid al presente, es que logró borrar del imaginario colectivo la ventaja que significa para el “buen vivir” la organización social, despojando o fracturando identidad colectiva, derechos todos, soberanía, vida y salarios precarios, etcétera. Es por ello, quizá, que todavía grandes porciones de ciudadanos (as) no sienten motivación para la participación organizada, incluso ni aquellos (as) que espasmódicamente atienden a los llamados que en ese sentido hace el reclamo social. No está fuertemente internalizado en sus psiquis que la única manera de alcanzar una vida digna y de igualdad de condiciones y de oportunidades para todos y todas en nuestro país, es encontrándose entre iguales y socializando las experiencias de lucha. Aunque ello parece ser así fundamentalmente a lo largo y ancho del país, donde aún el discurso mediático capitalista y neoliberal del “vive y deja morir” encuentra eco.

Testigo somos de cómo el despojo de la dignidad social está en manos de una caterva en el poder, quienes, al amparo del mismo, hacen de las arcas públicas su nicho de corrupción, actuando con impunidad, porque el poder les permite todo. Repito, vemos cómo nos alejan y desmiembran de la dignidad constitucional, así como también, como si estuviéramos atrás del Muro de Berlín, se recrean y gozan vilmente, de nuestras miserias. Claro que, para tenernos sumidos en la trinchera del oprobio, la represión y violencia de los aparatos del Estado están a la orden y a su disposición.

El despojo de la nación, la miseria y pobreza lacerante, carece de significado para la cleptocracia, en cuanto a que cada sexenio presidencial o gubernamental, desfilan los sátrapas con orgullo, sabedores que la impunidad la salva de toda ley. Tenemos a los Duarte, a los Padrés, a Moreno Valle, entre muchos más, que a pesar de que algunos están presos y otros los busca la “ley”, al final de cuentas, no son castigados por lesa humanidad, al contrario, sus penas son mínimas. Los Yarrington en el país saquean recursos públicos, bajo la cobertura de la complicidad. Cada uno, o en grupo, intentan reflejar democracia: todo lo contrario, porque el peculado, fraude, robo del erario, es el síntoma de la impunidad.

Para el pueblo es ajena toda garantía individual y colectiva, en cuanto a que nuestros derechos, son suprimidos por la violencia del poder. Con violencia se construyeron imperios y naciones, al tiempo que se destruían pueblos y recursos naturales. La violencia es un fenómeno básico de la casta divina en el poder. En términos generales, la lucha por los recursos y la defensa del territorio exigió elaborar herramientas para imponerse a los adversarios, que es el pueblo.

Ante el choque entre militares y huachicoleros en Palmarito Tochapan, donde cuatro militares resultaron muertos y seis personas fallecen producto del enfrentamiento a balazos, el gobernador Antonio Gali, dijo: “Se desmembró el tejido social en Puebla por la delincuencia”. Claro que hay una ruptura del tejido social, pero no la deriva la delincuencia, sino la corrupción política y gubernamental, a través del tiempo. Si los pueblos carecen de sustento como de una vida digna, el hambre obliga a actuar. Es la casta divina quien empobrece a los pueblos.

Desde la acumulación originaria, descrita por Marx en el conocido capítulo 24, la violencia se constituyó en un requisito sine qua non del desarrollo del modo de producción capitalista, y la situación no se presenta distinta en nuestros días, pese a que su ejercicio es más complejo de entender por el creciente carácter artificial del mundo cotidiano en que nos desenvolvemos. La necesidad de incrementar la producción y los beneficios propios de esta doble relación (hombre/hombre y hombre/naturaleza) condujo a que el modelo capitalista no se restringiera a una región cerrada de un país. Aun cuando sigue vigente esta constante exigencia expansiva, la dinámica que asume el capitalismo a partir de la década de 1980 representa un sistema que no se debe abordar con las pautas de etapas anteriores de desarrollo.

Los apátridas empeñan nuestra soberanía a las inversiones extranjeras y al comercio internacional, además de obligar a los gobiernos el cumplimiento de las “cartas de intención” elaboradas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), en las que se diseñaba una política económica con ancla en la contención inflacionaria, lo que determinó una ampliación de la brecha entre pobres y ricos, entre otros efectos sociales y culturales. Los protagonistas de la intervención en la política interior de los países fueron, además del FMI, otras instituciones internacionales como el Banco Mundial (BM), Organización Mundial de Comercio, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), y por supuesto, el gobierno de los Estados Unidos, epicentro de una de las tres regiones del mundo dominantes en cuanto a desarrollo, discutible concepto. Sumemos OHL y bancos, todos son Duarte y Yarrington.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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