13 diciembre 2018
El Popular

Invitado

Emociones por los tenis para unos migrantes

Por Alfonso CHÁVEZ. / abril . 05, 2017.

Finalizando la firma de un convenio hace unas semanas, Maribel Vásquez me pregunta en los pasillos de UNARTE sobre los “tenis para migrantes”, situación que había comentado en mi intervención, como introducción a lo inhumano que se puede convertir un viaje para una persona inmigrante que atraviesa nuestro país. Le dije que era algo muy importante y que conocíamos a una persona que con mucha felicidad recibiría cualquier apoyo al respecto. Otras frases más, formaron parte de dicha conversación. El tema: ¿cómo ayudarlos?

En una organización apresurada, una de esas personas a quienes sólo una explicación espiritual justifica porqué aparecieron en tu vida, Elizabeth Castro hizo hasta lo imposible para ir a dejar un grato regalo a doña Luz, una incansable defensora de los migrantes en San José Guerrero cercano a Ciudad Serdán. Un regalo para los migrantes estaba a disposición en un plazo de unos cuantos días, y habría que organizar una visita lo más pronto posible. ¿Por qué?, pues probablemente porque la verdadera ayuda nace de algo no planeado y lo motiva una urgencia de saber que la necesidad, anhela que pase rápido el tiempo.

Llego el día y Elizabeth con uno que otro cabello menos, estaba antes que todos esperando la hora de cita que correría a partir de las 8:30. Subimos los tenis y unas despensas, estaban participando contentos los policías y el personal que supongo es de mantenimiento; que importaba nuestros puestos, simplemente charlábamos y subíamos cosas: todos dispuestos. Elizabeth me tomó una foto cargando unos paquetes de frijoles sobre mi cabeza. ¡Le parecía yo creo que muy gracioso, habría que verle únicamente la sonrisa! Unos minutos después, habiendo terminado de subir las cosas se daría un briefing a todos los presentes por parte de Frontera Libre, me parecía importante conocerlos y saber que los tenía ahí. Había mucha curiosidad, convicciones y herencias por ayudar a la gente. De los profesores iban Luis, Elizabeth, Mónica y Miguel Ángel y de los alumnos fueron Maru, Pamela, Leo y Víctor. No falto el área administrativa y nos acompaño Maricarmen.

Subimos a la camioneta y en el camino estuvimos platicando de la realidad de toda esta zona del Triángulo del Huachicol y fue interesante la plática con los más grandes. Los chavos “iban en lo suyo”. Comenzamos a hablar de la generación Millenial, a los chavos se les oía divertirse, no sé si de lo que decíamos o de las cosas en las que estaban. En un momento, Luis invita a platicar a Víctor sobre una postura interesante. Le repite, porque venía con sus audífonos y simplemente no le concede participar; se veía esa reacción como una analogía de cuando tu familia te pedía que hicieras un show para los invitados: el tema le daba flojera.

Llegamos a nuestro destino, doña Luz nos recibió y nos dio el tour completo. Nos enseñó las instalaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja y de las donaciones que se hacían anteriormente. Nos habló de sus luchas y de lo que no la deja trabajar bien. Nos llevó después a uno de los cuartos que utiliza como granero y habitación. Ahí estuvo contándonos sobre las tristezas de la migración. Es impresionante conocer una historia que ella suele narrar seguido, respecto de un migrante que perdió sus piernas debido a la peligrosidad de La Bestia. Con lágrimas en los ojos muestra la inhumanidad a la cual están sometidos: elogia su bravura para cruzar y se sigue cuestionando si todo esto para ellos vale la pena. Recuerda llorando cuando a ese migrante el tren le arrancó las piernas. Ese día llegó a avisarle una autoridad del pueblo diciendo que lo fuera a checar porque ya se lo estaban comiendo los perros y ya no tenía caso salvarlo. Así de inexplicable como suena es para ella toda esa inhumanidad de la gente. No se lo explica. Recordaba doña Luz y le decía a Leo, “era un joven como tú”.

Mencionaba que no entiende porqué los machetean o dejan desnudos; nos contó de cómo sus tenis y por ende sus pies, llegaban deshechos. Descargamos todo lo que se les había traído a los migrantes. Se veía un genuino agradecimiento de doña Luz.

Ya más tranquilos y después de ir con doña Luz por los refrescos, regresamos a comer una deliciosa comida que nos habían preparado. Eran espinazos de borrego en caldo. Mientras se servía cada quien su plato, José Luis le mostraba en la computadora a los profesores Luis y Mónica sobre el proyecto que realizamos en Frontera Libre con los migrantes, me dio mucho gusto verlos asombrados por la trascendencia de lo que muchas de sus funciones del software podrían ayudar a esta gente. Las felicitaciones para doña Luz, su madre Guadalupe, Caro y Juanita por el delicioso manjar, no terminaron de parar. ¡Está delicioso!, ¡está buenísimo!, ¡que rico está! continuaron hasta la sobremesa.

Doña Guadalupe contaba a algunos cómo desde hace más de 50 años ayudaban a los migrantes, ofreciéndoles por lo menos un taco de queso. Yo al otro extremo platicaba con el esposo de Caro sobre la leyenda de un jinete sin cabeza, quien había sido una persona que había decidido terminar con su vida en las vías del tren.

El tiempo se acercaba para irnos, se apartaron un rato Luis y Mónica para entrevistar a doña Luz, mientras todos aprovecharon para seguirse maravillando de tan enigmático lugar. Terminaron la entrevista y nuestra despedida con esa gran familia se acercaba, tomamos las últimas fotos, ya había algo que nos unía con muchas emociones ese día. La despedida fue emotiva, las sonrisas nos invadían a todos. Regresamos, paramos en San Salvador El Seco por su “MolliCaxitl” de piedra; para “hacerse unas salsitas”.

Bastante silencio por parte de todos al regreso, había sido un día lleno de emociones por unos Tenis para los Migrantes.

http://www.fronteralibre.com

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