21 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

Delirio y angustia

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / marzo . 25, 2017.

Hace 23 años, el 23 de marzo de 1994, en Lomas Taurinas, fue ejecutado Luis Donaldo Colosio. Candidato a la presidencia de la república por el PRI, en un momento convulsivo, donde el levantamiento zapatista, la crisis económica, una clase política que rompió definitivamente con su identidad ideológica, aunado a un creciente malestar social; el hecho de su ejecución, permite una serie de hipótesis de quien o quienes son los beneficiados de su asesinato. Es decir, entre hipótesis y conjuras, es la fecha en que se limitan a acusar a Aburto como homicida, nada más. El crimen marca un ambiente de inestabilidad nacional, como los primeros bosquejos de una crisis general derivada y comprometida por los tecnócratas en el poder, mas corifeos y poderes fácticos, quienes van encajando en la pérdida de nuestra soberanía a favor de una casta enquistada como de capital extranjero, a la fecha.

En una parte medular del discurso de Colosio: “Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”. Un 6 de marzo de 1994. Entre él y Benito Juárez, existe coincidencia, pero, al mismo tiempo, manifiestos que estorban a apátridas en el poder: “Siempre he procurado hacer cuanto ha estado en mi mano para defender y sostener nuestras instituciones. He demostrado en mi vida pública que sirvo lealmente a mi patria y que amo la libertad. Ha sido mi único fin proponeros lo que creo mejor para vuestros más caros intereses, que son afianzar la paz en el porvenir y consolidar nuestras instituciones”.

Entre tanto, la clase trabajadora, inconsciente o consciente, diariamente transita con la angustia de sobrevivir, en un mar de injusticias, en cuanto a que su poder adquisitivo, apenas alcanza para comer, no para alimentarse, sentimientos que dejan profundas huellas en la mente de millones de ciudadanos en calidad de pobreza extrema, mismos, que no encuentran explicación de esa angustia, en cuanto a que su sudor laboral no tiene recompensa, al contrario, los magnates en el poder, aunados a los apátridas, les restan sus derechos ciudadanos y laborales, mediante castrar leyes y amoldar a la Constitución a sus intereses, jamás con y para el pueblo. Pueblo que lo mantienen en la trinchera de la represión, sometido en cloroformo mediático y clerical, hipnotizado con “noticias futboleras o de vidas frívolas de la farándula”, castrado de una educación que le permita contar con una lógica y valoración reflexiva de sí como de su entorno. Ser un analfabeto funcional. Sin más.

Para los apátridas, duele la historia, les estorba. Durante la intervención norteamericana (1846-1848), el pueblo mexicano, se enfrenta al incipiente imperialismo. Durante la batalla de Molino del Rey, el Batallón de San Patricio, estaba formado por irlandeses y alemanes, al comprender que era una guerra injusta, dado que Inglaterra también sometía a Irlanda a la explotación, deciden participar con el pueblo mexicano, por coincidir en historia como un acto imperialista. También es el natalicio de Benito Juárez, sin marginar que también se recuerda la expropiación petrolera durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. Lamentablemente, ya no son momentos históricos que nos imprima un valor patrio como de identidad; tampoco un llamado a tener memoria histórica que construya argumentos de soberanía, todo lo contrario, son momentos híbridos pasajeros para los tecnócratas, porque son estos, quienes nos someten a atomizar a la nación, que cínicamente no ocultan su hambre de acumular capital en su propio beneficio. Les vale el hambre, angustia, incertidumbre del hoy y mañana de cómo este pueblo que han jodido, sobrevivir en el pantano de la injusticia. Por lo siguiente.

Ante la ausencia de una estricta auditoría y la corrupción en los tres niveles de Gobierno y en Petróleos Mexicanos, no permiten que la población goce los beneficios del boom petrolero que se registró en las administraciones de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa. Así, con toda opacidad, miles y miles de millones de pesos en ganancias del petróleo simplemente desaparecieron. Más bien, desde Miguel de la Madrid y Salinas de Gortari, se planea la privatización de la empresa paraestatal. Claro que no podía ser de golpe, sino mediante acuerdos políticos y de grupo, que se van acomodando a la fecha en los distintos sexenios.

Maquiavélicamente, se diseña la estrategia del deterioro financiero y de infraestructura de Pemex, a la que el Estado mexicano le regateó la inversión, repercute en accidentes mortales, más el deterioro de instalaciones; el saqueo de las finanzas y una sobre carga hacendaria que sangra su economía; aunado a un grotesco saqueo administrativo. Sin embargo, nada de ello se dice, al contrario, se acusa que PEMEX es ineficiente, lo cual implica su privatización.

Carlos Romero Deschamps, líder de los petroleros, fue acusado de desviar 500 millones de pesos a la campaña presidencial del priista Francisco Labastida, pero fue exonerado del llamado Pemexgate. El magnate sindical, es la tapadera de cada gobierno en turno, sirviendo de caja chica.

Es tal el saqueo, que el problema está en la asignación presupuestal que hace el gobierno mismo. Una gran cantidad de recursos están en los Contratos de Servicios Múltiples y en los Proyectos de Inversión de Infraestructura Productiva con Registro Diferido en el Gasto Público, los famosos Pidiregas, que no son otra cosa que concesiones a los privados, a mediano y corto plazos, para obra, para exploración, extracción, en los cuales Pemex estaba entregando actividades sustantivas de la nación a los privados mediante crédito. Hoy, al decretarse la muerte de Pemex, se abre a la inversión privada, borrando historia, en nombre del desarrollo nacional. ¡Viva México! Ca...

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx        

*Analista político y de prospectiva social

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