22 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

Utopía desgarrada

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / febrero . 11, 2017.

Por principio, partamos de las siguientes consideraciones: plan o sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo discurre sin conflictos y en armonía. “Tomás Moro acuñó en el siglo XVI la voz ‘utopía’ en una obra del mismo título en la que imaginó una isla desconocida en la que se llevaría a cabo la organización ideal de la sociedad”. A su vez: proyecto, deseo o plan ideal, atrayente y beneficioso, generalmente para la comunidad, que es muy improbable que suceda o que en el momento de su formulación es irrealizable. “Bajo forma de aspiración íntima, ensueño o utopía, el hombre, simplemente por ser hombre, aspira a su plena felicidad; no se debe renunciar a la utopía de vivir en un mundo en paz; las utopías del primer socialismo están aún latentes en las aspiraciones de muchas personas”.

Es así, que el pueblo mexicano pretendió una nación justa, mediante una Revolución en 1910. Fincar sus expectativas de democracia y vida digna enmarcadas en una Constitución, misma que cumplió 100 años de existir. Sin embargo, a lo largo de los años, ha recibido o padecido 695 reformas, mismas que se enmarcan en actos de actualizarla, de acuerdo a las condiciones de cada momento. Empero, no siempre para bien de la nación y pueblo, porque algunos de sus artículos son como una forma de evadir, justificar y defender intereses de grupo, ya sea en el poder como empresarial, dejando a un lado al pueblo, quien carga el pesado fardo de injusticias.

El tiempo nos permite ir encontrando que vivimos en un México asfixiante, convulso; con una sarta de actos de corrupción e impunidad, que corroe los cimientos de toda esperanza de libertad y democracia hacia y para un pueblo que se convocó y derramó sangre en la Revolución Mexicana, donde sintió que su clamor y anhelos de justicia estaría su voz y profundos sentimientos en cada uno de los artículos de la Constitución. A partir de los cuarenta, con Miguel Alemán como presidente de la república, lentamente, la razón de la lucha armada, se fue diluyendo, extraviando, entrando en estado de coma. Como si fuera una cosa ajena al pueblo, porque emergen oportunistas de toda calaña, encumbrados en nuevas castas divinas en los altares de la burguesía cimarrona, que se enquistaron en cada sexenio.

De justicia social, garantías individuales, educación con identidad y cultura, garantías laborales y salud, como también laicidad, como ejemplo. Tal pareciera que estamos hablando de otro país, en un mundo ajeno, porque en el nuestro, los tecnócratas retrocedieron o machacaron dignidad y soberanía, misma que al imponernos su criterio de modernizar, venden el destino de la patria. De ese país “encaminado al desarrollo”, como petulantemente nos dicen que somos un país de economía “emergente”, convirtieron al campo en un páramo; en cuestión laboral y de salud, le han ido extirpando su origen, por así convenir a sus intereses de plusvalía, con salarios de hambre, sin expectativas para la vejez, entre otras canalladas.

De soberanía, me como un taco vacío, porque la han vendido y ofertado sin escrúpulos a los caníbales del capitalismo hambriento. Gracias que hablan en español, pero pensando en inglés, es como empatan la tecnocracia con dignidad.

Ante la llegada de Donald Trump al poder, todas sus peroratas y amenazas contra México, las ha estado cumpliendo al pie de la letra, apoyándose en la mediocridad de nuestros gobernantes, quienes carecen de moral para enfrentar dignamente el problema. Bastó que se revelara el contenido de una llamada telefónica entre Trump y Peña, para descubrir la forma denigrante del trato, dejando a Peña pasmado. El pueblo tuvo que gritar, exigir y reclamar entereza, para que poco a poco el poder iniciara por apegarse al reclamo. Nuestros hermanos en los Estados Unidos, se encuentran temerosos de ser deportados, con consecuencias crueles. Nos amenaza con construir un muro, acusándonos de ser un peligro para su país. Olvida que durante la administración del entonces presidente Kennedy, exigió a la ex URSS, no imponga un muro en Berlín, porque va en contra de los derechos humanos. Pues Trump, va más lejos, emitiendo amenazas contra otros países de todo el mundo, donde muchos de ellos han sido fieles aliados de los gringos.

Trump, es un narcisista extremo, quien tiene fuertes conflictos de personalidad, que lo empujan a ser petulante, impositivo, agresivo, etcétera; pero, también tiene problemas de identidad como conflictos morales y psicológicos. No olvidar que algunos de nuestros gobernantes federales y estatales padecen el mismo problema, como Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Fox, Rafael Moreno Valle, por citar unos ejemplos.

Hoy nos convocan a exigir respeto a nuestra soberanía, a nuestros hermanos en su país, etcétera. El coro es un clamor que parte de un pueblo desesperado como harto de tanta corrupción, de ser saqueado y violentado sus/nuestros derechos todos. Entiendo el sentir de la convocatoria, porque es moral y ético, pero, también señalemos que se debe a estos mandatarios apátridas que hoy, gracias a Trump, vamos encontrando la raíz de nuestros problemas internos que nos abruman y colocan contra la pared.

Convocar al pueblo a marchar contra Trump está bien, pero, también no están calculando que legitiman la protesta social, quien, de siempre, ha marchado por exigir el respeto de nuestros derechos constitucionales; condición, que se nos niega y reprime. Los 43 normalistas desaparecidos representan un parte del dolor social de tantos más en misma condición a nivel nacional. Las cárceles albergan a líderes sociales; los panteones o fosas comunes a otros tantos por exigir justicia. Como dijera Salvador Allende: “La historia es nuestra, y la hacen los pueblos”.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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