26 mayo 2019
El Popular

Invitado

Central: retrato de un delincuente

Por Aquiles MONTAÑO BRITO. / febrero . 02, 2017.

Con una agresiva y ridícula campaña, en las últimas semanas el portal poblano periodicocentral.mx nos ha dado cátedra de periodismo venal y de una agudeza digna de retrasados mentales. El punto neurálgico de la cruzada es desprestigiar a nuestra organización en la capital del estado y, en particular, a sus líderes, que han defendido el derecho de los comerciantes ambulantes a vender sus papitas y tacos de canasta en el Centro Histórico de Puebla que —según el director de 24 Horas Puebla, Mario Alberto Mejía—, es territorio reservado al disfrute de los “auténticos ciudadanos”, es decir, de los ricos.

En efecto, el último “periodicazo” vino por mano de su reportero estrella, cuya columna del lunes 23 enero rindió honores a la manu militari del gobierno capitalino, que preside Luis Banck Serrato, para lanzar una amenaza contra tres líderes antorchistas: o dejan de apoyar a los comerciantes ambulantes o se harán efectivas tres órdenes de aprehensión. La ley violada a voluntad de los alumnos avanzados de Hitler. Repasemos la columna ad ovo usque ad mala:

“El ultimátum a Antorcha, escrito por Edmundo Velázquez. ‘No es miedo, es precaución…’. ¿O cómo dice el dicho? Quién sabe. Pero por ahí va lo que siente Soraya Córdova Morán desde su última plática con el secretario de Gobernación Municipal, Juan Carlos Morales Páez. En el mes de diciembre los ambulantes de Antorcha Campesina fueron chamaqueados.” Es decir, los engañó el señor presidente municipal de Puebla, Luis Banck Serrato. ¿Cómo los engañó? El gobierno se aprovechó del acuerdo tomado con los comerciantes que consistía en que durante los días que durara el “Buen Fin”, en noviembre de 2016, ellos se retirarían del Centro Histórico para que el comercio establecido pudiera aprovechar la temporada y así obtener ganancias extraordinarias. Los ambulantes cumplieron el acuerdo y desalojaron por el tiempo pactado. Pero cuando, terminado el plazo, quisieron regresar, se encontraron con que el Ayuntamiento ya les había puesto un operativo armado hasta los dientes para impedir que se instalaran. A ese “chamaqueo” se refiere Edmundo Velázquez. ¡Qué desfachatez! Y lo ponen por escrito.

“Tanto tiempo de marquesa y sin saber el abanico, dirían en mi pueblo”. Se refiere a la líder antorchista Soraya Córdova, por haberle creído al señor presidente municipal de Puebla Luis Banck Serrato. No me ayudes compadre, le habrán dicho quienes le dictaron la columna. ¿Es que la palabra del señor presidente de Puebla no vale nada? Edmundo: creo que eso hay que decírselo a todos los poblanos que confían en que Luis Banck los está gobernando con honestidad. Sigamos.

“Primero Gobernación Municipal abarrotó el andador comercial 5 de Mayo de ambulantes”. O sea, con traición y perfidia, Gobernación Municipal metió ambulantes para que no entraran los antorchistas. A unos sí hay que darles permiso de vender, pero a los antorchistas no. Muy bonitos, señores del ayuntamiento, se ven usando el garrote con quienes consideran sus enemigos políticos. ¡Y, nuevamente, lo presumen por escrito!

“Con esto —dice la columna— provocó la furia de los miembros de Antorcha Campesina, que se creían dueños de ciertas zonas en el Centro Histórico. No, claro, Antorcha no se siente dueña de nada; pero el señor presidente sí y ya lo demostró, sin darse cuenta, el propio Edmundo Velázquez líneas arriba. ¿Y quién le dio la propiedad del Centro Histórico al presidente? ¿Quién le dijo que ser presidente es lo mismo a ser dueño del pueblo? Nadie, pero ahí está reflejado, más claro que el agua, lo que dijo Mario Alberto Mejía: el Centro Histórico es de los “ciudadanos auténticos” de Puebla.

“Se estaban metiendo en sus espacios”, decían ellos. O sea, de los antorchistas según Edmundo Velázquez.

“Lo que no sabían es que para cuando los líderes reclamaran, el Ayuntamiento de Puebla tenía una de las típicas armas, un tratamiento especial que han utilizado bien con otras organizaciones sociales. Y aquí está, finalmente, la amenaza del gobierno capitalino contra los antorchistas, lanzada por su boca de ganso de ocasión.

“Pero, ingenua y soberbia, Soraya Córdova marcó una vez a Gobernación.

Iba a mentar madres contra Morales Páez… ¿Quién se creía ese burócrata como para molestar a sus muchachos en el Centro Histérico?”(¡Sic!). Y le pregunto yo a Edmundo Velázquez: ¿Cómo lo sabe? ¿Qué, acaso se cree adivino? Nomás eso me faltaba: Edmundo Velázquez inventando noticias. Pero eso, lo saben sus colegas, ya no es novedad.

“Chin. No le respondieron. Marcó dos veces. Tampoco le hicieron caso. A la tercera —dice Edmundo el adivino— prefirió no llamar. Y usó alguna de las camionetas de lujo que tiene estacionadas afuera de la sede del Movimiento Antorchista en la 5 Poniente. Se acercó unas cuadras hasta la oficina de Juan Carlos Morales Páez.” También el señor presidente tiene camionetas de lujo, la diferencia es que las de Antorcha las compra Antorcha con sus negocios, todos lícitos, en uno de los cuales, por cierto, se ve con harta frecuencia a Edmundo Velázquez degustando la sabrosa comida que ahí se sirve. Y las del presidente, ésas sí lujosas, las pagan los poblanos con sus impuestos.

“El mensaje fue el doble de rudo desde el escritorio de la secretaría: El secretario de Gobernación Municipal no la iba a atender”. Nomás eso faltaba: el tirano señor secretario —que también vive, come y tiene camioneta de lujo gracias a los impuestos de los poblanos—, cómo se va a humillar ante sus gobernados que le piden soluciones.

“Vaya que hiciera cita (sic), que tomara un ticket y esperara su turno”. Qué tal. El poder que se siente dueño de vidas y haciendas en todo su esplendor. ¡Ésos son quienes nos gobiernan! Y, en efecto, así es como nos gobiernan.

“La líder estatal de Antorcha Campesina montó en cólera —sostiene el adivino—. ¿Cómo iban a tratar así a la mismísima doctora Soraya Córdova? A la de mil intentos Juan Carlos Morales Páez la recibió en su despacho”. ¡Mil intentos! Y yo me pregunto: ¿Qué tantas ocupaciones tendrá don Juan Carlos Morales Páez que el ciudadano común debe hacer mil intentos para poder platicar con él? Es curioso que el señor muestre tanto desprecio por quienes le pagan el sueldo y la vida de lujo que se da.

“El diálogo fue más o menos así (Edmundo el adivino dixit):

—Oiga se rompieron los acuerdos y a mi gente le están mandando ambulantes de otras organizaciones para los espacios

—¿Ah sí? —dijo el secretario casi limándose las uñas”. Limándose las uñas… He aquí, retratados, la soberbia y el desprecio verdaderos de aquellos que se desgarran las vestiduras cuando hablan del pueblo y se toman fotos con los niños y con las señoras en los eventos públicos, pero que en privado sienten asco por los harapientos y querrían gobernar sólo para los “auténticos ciudadanos”. Lo está retratando uno de sus periodistas a sueldo. Dan ganas de decir, una vez más: compadre, ya no me ayudes.

“—Es que con Rafael ya hay acuerdos.

—Pues yo no trabajo con él…

—¿Quiere que haya sangre? Nos partimos la madre”. Ja, ja, ja. Qué forma tan idiota, Edmundo, de arrastrar la honra, el amor propio y la credibilidad periodística tuya y del medio para el que trabajas. No cabe duda que Central ha comenzado el año con el pie izquierdo y recuerden que lo que mal empieza, mal acaba. Pero no perdamos tiempo y sigamos:

“–Pues hazle como quieras… Además tú ya tienes tu orden de aprehensión… Tú y otros dos. Pálida, la doctora Soraya salió de Gobernación. Dos semanas después de la plática, al cubículo de la regidora antorchista en el Ayuntamiento de Puebla, Rosario Sánchez, llegó una notificación desde la Fiscalía General del Estado. Las pálidas entonces fueron dos. Soraya y Rosario. Aún hay más, dijera Raúl Velasco. El tercer espantado podría caer en los próximos días. Si no es que ya fue notificado. Y ese es Francisco Machorro, el líder de los ambulantes de Antorcha Campesina en el Centro Histórico. El Movimiento Antorchista tiene tres órdenes de aprehensión listas para efectuarse en el momento en que se pongan radicales.  Y santo remedio. Antorcha le bajó de huevos al pan porque ya le estaba saliendo amarillo”.

La justicia mexicana cínicamente usada como garrote para amedrentar a los líderes populares. Pero, ojo, no dice cuáles son los delitos. De manera que sólo queda una opción: el delito de los tres amenazados es la defensa de los humildes vendedores de baratijas. ¿Y no es así, exactamente así, como gobiernan los dictadores? El uso perverso de los tribunales, la cárcel, la fuerza pública y la represión de toda forma de protesta pública auténtica, mientras la prensa convertida en suripanta del dictador aplaude y alienta al poderoso que somete la razón a su voluntad, como signo inequívoco de la putrefacción de la clase a la que pertenece.

Éstos son los gobernantes que tenemos. Ésta es la manera en que se gobierna para los ciudadanos en la capital de Puebla. Y sus amanuenses —mejor, imposible— los retratan de cuerpo entero. ¿Alguien aún cree que vivimos en una democracia con todas sus bondades? Repase, una vez más, la columna de Edmundo Velázquez y desmiéntase.

Te puede interesar