26 junio 2019
El Popular

Indicador político

México con Trump: diplomacia de la ingenuidad

Por Carlos RAMÍREZ. / enero . 27, 2017.

Todos los datos filtrados a columnas para ilustrar que la comisión especial iba volando hacia Washington cuando el presidente Donald Trump lanzó su tuit anunciando la construcción del muro revelaron el principio rector de la diplomacia mexicana: la ingenuidad.

Si se revisan los archivos, los hacedores de las políticas mexicanas habrían descubierto que Trump estaba comprometido con la construcción del muro al entrar su administración y lo fue repitiendo en campaña y en el interregno como presidente electo.

Y en los días previos al martes de la decisión hubo datos —no indicios, ni sospechas, ni rumores— de que el muro sería anunciado en breve. Sólo la ingenuidad de los responsables de la diplomacia pudo haberse sorprendido e indignado por el anuncio y sólo los ingenuos esperaban que Trump entrara en razón cuando en sus primeros cinco días había dado muestras de insensibilidad política.

La clave para entender el momentum mexicano en su relación con los EE.UU. se localiza en la decisión en Los Pinos de suponer que Trump sería un político tradicional, cuando a lo largo de su campaña y la presidencia electa demostró una forma atrabancada de hacer política. Por tanto, nada señalaba que pudiera prever que su promesa del muro iba a ser pospuesta. El gobierno mexicano creyó que Trump era un mentiroso político priísta.

Y la crisis en las relaciones bilaterales responde a la indefinición de la diplomacia mexicana ante el gobierno de Trump y la suposición que los contactos de Luis Videgaray Caso con el yerno del nuevo presidente estadunidense alcanzaría para hacerlo entrar en razón. Y creer dentro de la ingenuidad que México tendría una relación especial con Trump. En el fondo, los retrasos en la definición de una política exterior bilateral beneficiaron a Trump. Y ahora se quiere vender como gran victoria —dato filtrado a columnas— que Videgaray logró que Trump anunciara el muro sin insultar a México.

El hamletismo —ser o no ser, el principio de la duda— en la política exterior ha llevado a México a la derrota diplomática, sin entender que la política es la guerra por otros medios y la diplomacia es el campo de batalla de todas las guerras. Luego del anuncio del muro y el portazo a Videgaray y su comisión de notables, México entró en una nueva etapa de dudas: ir o no ir a la cita el 31 de enero.

Pero el problema es otro: lo de menos es ir o no ir, lo más importante es la definición de cuando menos tres puntos: la nueva relación bilateral, el anuncio de proyectos de desarrollo industrial y agropecuario para encarar el fin del tratado salinista de comercio libre y la construcción de un liderazgo político interno no para confrontar a Trump sino para frenar la ruptura interna.

El vacío en las definiciones de gobierno ha entregado el espacio de las pasiones cotidianas a las redes del pánico cibernético autodinamizado, mientras los liderazgos de la oposición actúan en sus estrechos espacios de ambiciones sucesorias sin pensar en una estrategia integral. Las intervenciones presidenciales han carecido de estrategia y de táctica y sólo han creado otros vacíos. Y las redes quieren que México le declare la guerra a Trump.

El problema mayor con los EE.UU es de México: los migrantes huyen de la crisis, del desarrollo mediocre provocado por el tratado salinista y de la falta de empleo y bienestar.

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Política para dummies: la política es la facilidad para ir un paso adelante de los demás, no quedarse muchos pasos atrás. Sólo para sus ojos: a) la lectura de los medios estadunidenses revela que Trump no enfrenta una crítica severa. Los demócratas en el Congreso están paralizados y temerosos; b) el encarcelamiento del exgobernador regiomontano Rodrigo Medina, la persecución contra Javier Duarte, los problemas de César Duarte y Roberto Borge revelan el colapso del PRI; c) entre columnistas, editorialistas y tuiteros, México tiene cuando menos diez millones de cancilleres que le están diciendo al presidente de la República lo que tiene qué hacer. Y el único canciller oficial se la pasa justificando a Trump. Así, ni para donde hacerse; d) llegó la hora de un reacomodo en el gabinete para construir un gobierno de consenso nacional. Pero todo indica que no habrá tal decisión; e) si los mexicanos se quejan, los gobiernos estatales y de condados también padecen a Trump: recortó fondos a ciudades santuario de protección de migrantes. La guerra Trump-Nueva York será de antología por ese tema porque Manhattan se niega a cerrar esos espacios. Hasta ahora, el nuevo presidente va contra migrantes ilegales.

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