13 diciembre 2018
El Popular

Indicador político

La era Trump 2.- El fracaso social de Obama

Por Carlos RAMÍREZ. / enero . 17, 2017.

Hace ocho años, la capital de los EEUU era una fiesta en las calles, a pesar del frío potenciado por ráfagas de aire. La toma de posesión de Barack Obama como cuadragésimo cuarto presidente significaba, decían, un hecho histórico: por primera vez un afroamericano llegaba a la Casa Blanca construida por los racistas. Pero había en el fondo una esperanza: cambiar el estado social de marginación y pobreza de minorías.

Ocho años después, ahora Washington es una ciudad con grupos enfurecidos, enojados contra el cuadragésimo quinto presidente elegido según las reglas de la democracia estadounidense, basado en un discurso de polarización racial de los migrantes, un empresario que se hizo combatiendo y eludiendo al Estado, por primera vez un presidente que llegará sin un discurso social.

Obama construyó la posibilidad de Trump, a pesar de que su candidata Hillary Clinton representaba la continuidad de sus programas en un intento tibio de erigir un obamismo. Hace ocho años escribí cuál iba a ser el punto clave del fracaso de Obama: la crisis de expectativas, muchas porque él las declaró, otras poco porque las dejó correr y más porque la sociedad marginada vio llegar a un representante de la minoría.

Pero en los hechos Obama fue dos cosas concretas: el primer presidente afroamericano de los blancos y el salvador del capitalismo expoliador. A los ricos les dio dinero fiscal para salvar empresas, bancos, financieras —responsables, por lo demás del colapso económico de 2008— y empresas automotrices y a los pobres les dio… esperanza y mayor sacrificio. El producto nacional bruto promedio anual en los ocho años de Obama fue de apenas 1.4 por ciento, en tanto que las grandes corporaciones reconstruyeron su imperio y utilidades sin preocuparse por la sociedad.

Obama fue, simple y sencillamente, un político. En una novela del estratega Tom Clancy, el asesor de seguridad nacional del presidente de los EEUU le dice al analista Jack Ryan: “soy un político, cuando no estoy besando a un bebé, le estoy robando su chupón”. Obama fue un vendedor de expectativas, quizá el mayor que haya habido en la Casa Blanca. En materia de seguridad y violación de derechos constitucionales, fue peor que Bush Jr., en demagogia rebasó a Bill Clinton, en guerrerismo superó a Reagan y en demagogia dejó muy atrás a Kennedy.

La crisis de 2008 provocada por la liberalización de regulaciones oficiales a bancos y financieras fue analizada en su momento como una crisis del capitalismo, no en el capitalismo. Para entender cómo Obama polarizó en lo social para beneficiar el acaparamiento de la riqueza en los ricos, basta leer dos libros de Bernie Sanders, el precandidato socialista demócrata que Obama y Hillary descarrilaron: On revolution y Discurso sobre la codicia de las grandes empresas y el declive de la clase media. Ahí los datos del saldo de Clinton, Bush y Obama sobre la concentración de la riqueza en el 1 por ciento de los estadunidenses derrumban cualquier elogio a Obama.

En el fracaso social de Obama como presidente afroamericano se encuentra la explicación del ascenso de Donald Trump a la presidencia del capitalismo estadunidense. Por eso la furia contra Trump por los estadunidenses que perdieron nivel social en los ocho años de Obama. Por eso hace ocho años todo era fiesta y hoy todo es furia.

De ahí que el legado de Obama se condense en una palabra: Trump.

Política para dummies: La política no sólo es la rendición de cuentas, sino el ajuste social de cuentas contra las promesas incumplidas.

Sólo para sus ojos: Los primeros datos señalan que Obama no se va a retirar de la política ni regresará a su espacio natural en Chicago. Su presencia en Washington estará dedicada a construir un grupo de poder dentro del Partido Demócrata y con algunos grupos aliados que han seguido fieles pese a sus malos resultados de gobierno.

Pero la política estadounidense tiene sus prácticas estrictas. Los expresidentes no pueden hacer política directa. Los liderazgos políticos en el Partido Demócrata necesitan de espacio abierto y no caudillismos. Los mismos demócratas van a ir acotando a Obama en su expresidencia. Lo malo es que Obama tiene apenas 54 años de edad y mínimo veinte más por delante que serán tortuosos si se la pasa diciendo discursos o asistiendo a bodas.

La gran incógnita radica en el espacio que tendría Obama para impulsar a su esposa Michelle en 2020 o en el 2024, aunque el fracaso de Hillary Clinton reveló que no basta ser la esposa de un presidente.

 

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