18 julio 2019
El Popular

Palabra de Mujer

Mi opinión

Por Rocío GARCÍA OLMEDO. / enero . 09, 2017.

Un sentimiento de incertidumbre se apoderó de todas y todos nosotros al conocer la decisión de que en el primer minuto de 2017 se liberaría el precio de las gasolinas. El enojo, la preocupación y el descontento social han sido la premisa de los días subsecuentes.

La preocupación se incrementa ya que a la eliminación al subsidio al precio de las gasolinas, siguió el gas y las tarifas de energía eléctrica —aunque dijeron sólo para aquellos consumos mayores residenciales e industriales— y, lamentablemente la inevitable escalada a los precios de los productos de la canasta básica —que ya iniciaron— los incrementos al costo del transporte público, casetas de peaje, servicios y trámites.

La innegable realidad es que la decisión de liberar el precio de las gasolinas en el primer minuto de este año impacta en el bolsillo de las familias mexicanas: 50 millones de pobres en México (Inegi) preocupados no sólo por el costo al que han llegado las gasolinas y sus derivados, sino por la afectación que va más allá de llenar el tanque con gasolina de un automóvil, sea de ricos o pobres; 82 productos considerados en la canasta básica (Inegi) tienen ya una escalada de sobreprecios; y todo, se tiene que asumir con un incremento al salario mínimo muy por debajo para enfrentar esta situación.

La sociedad en su conjunto exige legítimamente explicaciones puntuales del gobierno; el panorama obliga a actuar para paliar todos estos impactos colaterales, por ello es urgente que el gobierno nos diga cuál es la agenda que han construido para atenuar efectos de esta medida, aun cuando el ánimo ciudadano no sea tratar de comprender alternativas.

Entender el proceso de lo que pasa sin duda no es fácil para quienes no somos expertos. Nos han dicho que 53 por ciento de las gasolinas que se consumen en México son importadas, que su precio depende del precio del dólar y del petróleo, por lo que el desplome del peso frente al dólar, se convierte en uno de los factores que trae como consecuencia la afectación, ya que la compramos en dólares.

También hemos leído análisis de que una alternativa es que el gobierno continuara subsidiando el precio de las gasolinas. Los expertos dicen que sería una medida regresiva, derivado de que de los 190 millones de litros diarios de gasolina que se venden en México, 70 por ciento es consumido por los mexicanos de mayores ingresos, lo que significa que el subsidio continuará beneficiando más a los sectores que más ingresos tienen. Señalan que el impuesto de las gasolinas no es un mal impuesto, ya que lo pagan quienes deben pagarlo, lo más ricos de la población.

Los expertos también han señalado que el origen de la liberalización es un tema de carácter fiscal que solventará graves errores del pasado en Pemex y que al país le urge que lleguen inversiones para ductos, refinerías terminales de almacenamiento, entre otros, que fue parte de la hoy tan mencionada reforma energética.

Razones seguramente válidas, para quienes llevan las riendas de la economía en el país; pero poco comprendidas por la sociedad en su conjunto, incluso mencionado así, hasta podría medianamente entenderse el mensaje de “que es una medida dolorosa pero necesaria.” Pero el ánimo ciudadano no está para tratar de comprender.

Conclusión. Nos queda claro que había que enfrentar esta problemática y que era necesario tomar esta decisión. Sin embargo, debemos considerar soluciones a las afectaciones colaterales, porque millones de mexicanos las estaremos padeciendo en perjuicio del bienestar de nuestras familias y esa parte le toca al gobierno.

@rgolmedo

rociog@prodigy.net.mx

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