19 junio 2019
El Popular

Bregando

Siguen hundiendo a Tlaxcala

Por Jaime OAXACA. / diciembre . 27, 2016.

La corrida navideña que tradicionalmente se realiza en la ciudad de Apizaco, este año la llevaron a la capital del estado de Tlaxcala, a la monumental Ranchero Aguilar, monumental no por su aforo, apenas dos mil o dos mil quinientos aficionados.

El coso ubicado en el corazón de la ciudad es monumental por su belleza arquitectónica, tiene como escenografía natural la torre del exconvento de San Francisco erigida en el siglo 16, es monumental porque es una construcción considerada patrimonio de la humanidad, es monumental porque pertenece a una ciudad que es capital del estado que tiene como símbolo al toro de lidia.

Monumental desastre resultó la corrida navideña. Anunciaron toros y no echaron eso. Se lidiaron dos reses de Cuatro Caminos, dos de García Méndez, uno de Magdalena González y otro más de Rancho Seco. El único toro de la tarde, de Magdalena González, fue devuelto por mansedumbre.

Tlaxcala tiene tradición como tierra de toros bravos.

Inclusive, en 2012, la tauromaquia fue considerada por los diputados estatales como patrimonio cultural inmaterial del estado de Tlaxcala. Con dicho decreto se pretende que jamás se prohíban los festejos taurinos en todo el estado.

Por la forma en que se realizan las corridas en muchas plazas tlaxcaltecas uno se pregunta si aquellos diputados votaron a favor de la tauromaquia como patrimonio cultural o votaron a favor del patrimonio económico de empresas fraudulentas; ésas que cada que pueden le dan una buena arrastrada a los aficionados.

Aficionados que llevan todas las de perder, porque no existe absolutamente nadie que defienda sus intereses.

La plaza de Tlaxcala ha sido víctima de monumentales atracos en las últimas seis ferias, parece que no existe quién quiera poner punto final a tanto fraude.

Cuatro de esos timos estuvieron a cargo de la empresa de Rafael Herrerías; el presente año y el anterior correspondió a Pablo Moreno, dueño de la empresa Casa Toreros.

Para cerrar con broche de oro, acorde con la época de piñatas, al público que compró boleto para la corrida del pasado 25 de diciembre le dieron de palos. Ya sabe usted el refrán: palo dado…

Si alguno de los aficionados se atreviera a ir a la Procuraduría del Consumidor a quejarse del atraco del que fueron víctimas en la corrida navideña, lo iban a tildar de loco.

Supongo que una vez que le pasara la risa al señor de atención al público -risa por el motivo de la queja- le daría una palmadita en la espalda al quejoso y con buena voluntad le diría:

“Las corridas de toros son un espectáculo planeado para engañar a la gente. Me explico: si usted dice que los toros estuvieron chicos, sólo es su opinión, no tiene ninguna validez. Existe un juez de plaza quien aceptó que los animales tenían el suficiente tamaño para que se lidiaran.

“Si el ridículo que viene usted a hacer, quejándose porque los toros no tenían los cuatro años de edad mínima que marca el reglamento, no existe forma de comprobarlo; los toros se destazan inmediatamente al ser lidiados, no se nombra un veterinario que realice un examen post mórtem para conocer la edad de los animales lidiados. En resumen: el toro ya se murió y usted ya se jodió”.

El único medio para detener los engaños de empresarios, ganaderos y toreros, es la protesta masiva en la plaza. El día que los aficionados armen broncas que asusten a los involucrados, la fiesta cambiará. Mientras el público permanezca callado, sumiso, agachado, se seguirán riendo de él.

Parecía que en la corrida navideña despertaba el público, porque protestó uno de los animales, pero tiene que hacerlo con todos los que no llenen sus expectativas ni justifiquen el dinero que pagaron.

En esta ocasión la empresa fue tlaxcalteca, integrada por Carlos Tamayo y el ganadero de Cuatro Caminos, Sergio Hernández Weber. No incumbe que Tlaxcala aún conserve un poco de prestigio taurino, tampoco importa quién sea la empresa, foráneos y locales siguen hundiendo a Tlaxcala.

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