21 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

La hora de México

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / noviembre . 26, 2016.

SEGUNDA PARTE

Conforme pasan los días, el electo presidente de gringolandia, Donald Trump, aquél candidato prepotente, racista, pendenciero y más, que ante la seriedad de lo que implica gobernar a la nación más poderosa del mundo, se va enfrentando a la realidad, misma que en el mundo entero lo coloca en evidencia como en el centro de las críticas; máxime que en el mismo Estados Unidos, se van generando movimientos sociales en su contra, al grado de que las manifestaciones, dan un reflejo de que no logró un triunfo representativo, sino que el hartazgo social, en contra de erráticas como injustas políticas de varios gobiernos, incluyendo el de Obama, no dieron respuesta a las amplias necesidades de la población, y sí represión económica, laboral, educativa, en el sector salud, de seguridad, etcétera.

Por lo tanto, si fueran a votar nuevamente el pueblo gringo, sería otro el escenario, siendo que Trump, se encuentra en un callejón sin salida, de momento. Ese emerger de un sector de la población conservadora y formada en la supremacía, ahora emprende acciones riesgosas para y en contra de sectores raciales de toda índole, siendo que un ejército de adoradores de Adolf Hitler se reunió en Washington para alabar a Donald Trump y organizar su resistencia contra mexicanos e inmigrantes en favor de la pureza racial, mismos que soltaban un  '¡Heil Hitler, Heil Trump!', gritaron cientos de personas en una conferencia que buscan 'limpieza racial' entre anglosajones y negros, mexicanos, inmigrantes, árabes y morenos. Esto, a unos dos kilómetros de la Embajada de México en Estados Unidos, un ejército de adoradores de Adolf Hitler se reunió para alabar a Donald Trump y organizar su resistencia para “terminar” con mexicanos, inmigrantes e indocumentados en favor de la pureza racial.

Ahora bien ¿qué significa esto? ¿cuál es su origen y condición psicológica como sociológica del proceder de este sector del pueblo gringo? Una vez más es necesario retomar El Destino Manifiesto, como raíz de ello. Además de ser mexicanos, quienes somos parte del pensamiento réprobo del puritanismo anglosajón, desde el nacimiento de esta nación gringa, nos es necesario citar una reflexión del filósofo alemán Hegel, quien emitió el concepto de “identidad negativa”, quien no postuló lo “negativo” en sentido de “mala”; refiriéndose a “reactiva”. La identidad negativa, dijo Hegel, es aquella que se construye por oposición a algo o a alguien. Permite desarrollar fronteras del ego muy sólidas, siempre en conflicto con el enemigo; pero como se forma por oposición, en realidad no tiene ningún contenido. Como resultado, aparenta ser fuerte, pero en realidad es débil, porque su propia definición está totalmente supeditada a una relación con algo más. ¿Qué sería un amo, pregunta Hegel, sin el esclavo? Eliminemos al esclavo y el amo no tiene nada más que lo defina.

Este concepto de identidad negativa aplica con especial precisión a Estados Unidos y a la historia del continente americano. En sus diversas formas, la oposición fungió para los colonos como una estrella polar narrativa que les permitió dotar de sentido a sus vidas, es decir, religiosa y maniquea, narrativa donde el enemigo, quienquiera que fuera, era el más malvado entre los malvados el blanco de este odio autocomplaciente ha ido cambiando con el tiempo, pero la forma, su estructura de oposición maniquea, ha permanecido igual. Así que los indios americanos desde el principio fueron vistos como simples salvajes que obstaculizaban la “civilización”, y fueron tratados en consecuencia. Cada día de acción de gracias, los gringos se sientan a la mesa a disfrutar de un pavo para celebrar el genocidio y cuasiextinción de toda la población indígena. La guerra de independencia trajo consigo el siguiente blanco, los británicos. En la visión de los colonos, Gran Bretaña era decadente y corrupta, jerárquica y orgánica, en tanto que los futuros ciudadanos de gringolandia, eran republicanos, es decir, antimonárquicos. Claro está que también había ciudadanos honestos y consecuentes con ideas liberales, contrarios a la supremacía, pero fueron reprimidos.

La oposición con México, quienes provocaron una guerra fraudulenta y la posterior castración de más de la mitad de nuestro territorio. Al igual que con los indios americanos, era conveniente etiquetar a los mexicanos como ignorantes y subdesarrollados, una especie de “salvajes” que carecían de la energía vibrante del capitalismo americano; un estereotipo que sigue teniendo cierta vigencia a la fecha. Al igual que los indios americanos, los mexicanos estorbamos la marcha hacia el “progreso”, hacia el Destino Manifiesto. De hecho, el gobierno mexicano sabía bien desde el principio con quién trataba. A fines de la década de 1820, una comisión mexicana escribió que los gringos eran un “pueblo ambicioso, siempre listo a abalanzarse sobre sus vecinos sin una chispa de buena voluntad”. Casi todas las naciones veían de este modo a los Estados Unidos. Los diplomáticos franceses calificaban al pueblo gringo de “belicoso” e “inquieto”. Más adelante continuaremos.

Hay mexicanos, que por razones de que sus padres los mandan a estudiar a gringolandia, para el imperio, no es necesario invadirnos, puesto que, al deformar y formar una mente a la gringa, ellos serán los artífices de la invasión económica; algunos se logran incrustar en el poder político y de gobierno, quienes se expresan, caminan y actúan a la gringa, incluso, los hay que presumen adquirir conocimientos capitalistas, a la fecha.

Mientras, es momento en que si no vamos conformando políticas públicas para ir hilvanando métodos y objetivos de cómo vamos a enfrentar posibles escenarios de Trump. Si lanzamos una hipótesis trágica, donde expulse a miles de paisanos, así como retenga o confisque remesas, Trump, será culpable de inseguridad, violencia, criminalidad y de un México Bárbaro. Al tiempo.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx                 

*Analista político y de prospectiva social

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