21 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

La hora de México

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / noviembre . 19, 2016.

Primera parte

En el proceso electoral en los Estados Unidos, los resultados dieron un giro total a toda expectativa interna como internacional, de que Trump, perdía. En el mundo va aflorando que el neoliberalismo está obligado a esconder su fracaso, mediante imponer su criterio proteccionista, así sea pervirtiendo y deformando los reclamos justos de los pueblos, persuadiendo a que emerjan sentimientos encontrados, al grado de que el conservadurismo y la ultraderecha sean el factor de unidad, para acceder al poder. Son varios países donde la derecha gobierna, incluso en México, se están moviendo.

Donald Trump, apuntó sus baterías hacia la boca del estómago de ciudadanos desclasados, aplastados, en crisis económica, aturdidos por la corrupción capitalista; es cuanto a una serie de acontecimientos históricos desde 1988, cuando la crisis económica y financiera, hundió y destruyó expectativa de vida para la mayoría norteamericana, incluyendo a grupos de diversas entidades raciales y étnicas. Cada gobierno generó beneficios económicos a los halcones de la economía y finanzas, menos para el pueblo, quien fue marginado y excluido del sueño norteamericano.

De lo profundo del malestar colectivo, emerge el hartazgo, que se tradujo en votos, siendo la clase social blanca, que poco o casi no votaba, lo hace; pero, pertenecen a un sector de la marginación, con fuertes lazos históricos de supremacía, es decir, racismo. La clase media aniquilada, también salió a favor de Trump, porque es a quien mayormente fue aniquilada en su economía y ritmo de vida. En general, el hartazgo contra la decepcionante casta política que no ofrece garantía de vida digna, es como da respuesta. En cuanto a los latinos, si bien es cierto que la mayoría de votos a favor de Hilary Clinton se dio, no fue suficiente, porque también se sintieron desprotegidos y engañados en la administración de Obama, quien deportó a miles. De ahí el voto de castigo.

En cuanto al sentimiento racista del pueblo blanco norteamericano, nos obliga a revisar la historia para desmadejar y comprender el extremismo en que siempre ha actuado y pensado.

Partamos del llamado Destino Manifiesto, doctrina estrictamente norteamericana, cuyos antecedentes históricos y religiosos confirmativos se remontan al siglo 16, durante el cual estalla el conflicto entre misoneísmo contrarreformista español y la modernidad reformista (anglicano, puritana) británica. Norteamérica recogerá al iniciarse el siglo 19 los elementos conflictivos del tremebundo diálogo tricenturial y construirían con ellos una doctrina justificativa de su poder, en su superioridad y de su predestinado imperialismo. La herencia histórico-religiosa inglesa pasa casi íntegra a las colonias americanas y condiciona la formulación de la tesis misional, política, económica y espiritual. Con la independencia los colonos secularizarían al máximo la doctrina, que acabará siendo la que conocemos como destino patente o evidente manifest; es decir, un destino preordinado como correspondía a la vieja teología puritana, tan discriminatoria, que estableció la tajante división entre hombres (también razas y naciones) elegidos y hombres réprobos. No qué decir tiene a nosotros, en cuanto que católicos e hispanoamericanos, nos tocaría estar en el lote segundo: razón más que suficiente para que penetremos en el seno íntimo de la doctrina, supuesto que ella, al ser formulada y aplicada por los norteamericanos, nos produjo heridas todavía no del todo cicatrizadas. Siendo que todo no blanco ni de corte puritano, es réprobo, por lo que es comprensible que los colonos norteamericanos, hasta el siglo 19, exterminaron a los pueblos indígenas, o fueron cercados en las llamadas reservas.

La crueldad, la indolencia, la cobardía y el fanatismo españoles siguieron vigentes para caracterizar el fanatismo español, siguen vigentes para caracterizar ahora a los descendientes de la espuria España y de nada podrían servirnos nuestras protestas. Fue un pesado tributo al que tenemos que pagar por causa de nuestro lastre hispánico, porque otros ignoraron nuestra ingenuidad de querer ser distintos y nos siguieron viendo con los lentes ahumados de sus rancias monotonías antiespañolas.

En la conformación norteamericana de la doctrina Destino Manifiesto tuvo parte principalísima el terrible peso de la tradición antiespañola; por consiguiente, cuando en las manos políticas estadounidenses se enarboló la doctrina contra nosotros, la crudeza de su aplicación reflejaba simplemente la ingente montaña de prejuicios adquiridos.

Tan sólo, recordemos una entrevista que Trump diera a la revista People en 1998, dijo lo siguiente: "Si yo fuera a competir lo haría por el partido republicano. Son el grupo más tonto de votantes del país. Se creen todo lo que dice FOX NEWS. Podría yo decir toda clase de mentiras y me las creerían.  Y les aseguro que obtendría yo magníficos resultados". Cierto, pero es gracias a que el imperialismo jamás ha permitido que el pueblo adquiera identidad cultural, social y política propia, dentro de la pluralidad racial y social: Destino Manifiesto. Si no hay identidad, no hay reflexión histórica.

La identidad negativa, se construye por oposición a algo o a alguien, creando fronteras insuperables, para que el conjunto social no coincida ni se identifique en la lucha de clases. Precisamente es donde descansa la ruptura norteamericana de los halcones, impedir a toda costa que el pueblo o naciones, superen y rechacen el sometimiento ideológico por parte del capital.

Lamentablemente, el poder económico y político en México, carece de dignidad y conciencia de que, al ser servidores fieles al imperio, la soberanía alimentaria, productiva, comercial, educativa, científica y tecnológica, ha sido supeditada al Manifiesto. No importa el número de hermanos deportados, si nos fugamos a ese país, es porque no existen condiciones de vida digna; las remesas a los lugares de origen, no llegarían, consecuentemente, engorda la pobreza extrema. Al llegar nuestros hermanos, crece el número de pobres. Como carecemos de políticas públicas congruentes con las amplias necesidades históricas del país, es mentira el subsanar el hexodo a la patria. ¿Esperanza de vida? No, porque no hay oportunidad alguna. Trump, y sus halcones, serán quienes motiven mayor violencia, crimen organizado, etcétera. Pero, si el hartazgo sube como espuma, nada ni nadie podrá detener al México Bronco.

 

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx          

*Analista político y de prospectiva social

 

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