11 diciembre 2018
El Popular

La opinión del Búho

El apellido materno primero…

Por José Juan ANZURES. / noviembre . 09, 2016.

El pasado mes de julio el Juzgado Quinto de lo Civil en Puebla concedió el amparo y otorgó la orden judicial correspondiente a la Sra. Jessica Reinah Serrano, para que registrara a su hija poniendo en primer lugar su apellido (el materno) y después el paterno. El pasado mes de octubre la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró en otro caso la inconstitucional del artículo 58 del Código Civil de la Ciudad de México donde se establecía que el orden de los apellidos al registrar a un recién nacido debía ser primero el paterno y luego el materno.

Para entender porqué en nuestros nombres el apellido paterno va antes que el materno debemos de acudir al Derecho romano, del cual somos herederos, y que se fundaba en un sistema de organización familiar patriarcal. En este sistema, se entendía que cuando una mujer se casaba dejaba de formar parte de la familia en la cual había nacido, dejaba de estar bajo la autoritad de su pater familias para incorporarse a la familia de su esposo y estar bajo la autoritas de éste. La incorporación del apellido materno viene de la Edad Media, donde las alianzas entre familias y casas reinantes era tan importante que surgió la necesidad de identificarlas y de incorporarlas incluso en los escudos de armas. Estas tradiciones se fueron arraigando y se incorporaron como normas en los Códigos del siglo XIX, conservado así hasta nuestros días.

La tendencia de nuestros juzgadores de anteponer el apellido materno al paterno en los nombres de las personas, no debe tomarse como una moda extraña o excéntrica, sino más bien como la adecuación de la norma a la realidad social, porque al fin y al cabo el derecho no está para otra cosa sino para regular la realidad social, y los mandatos establecidos en nuestro Código Civil federal como en los Códigos estatales resultaban arcaicos y distanciado de la realidad de hoy.

La realidad de la sociedad mexicana, como la de la mayoría del mundo occidental, ya no se sustenta en un sistema patriarcal, como los fue en la antigua Roma, en la Edad media y todavía durante el siglo XIX y el XX. Con los nuevos tipos de familia y la evolución de nuestra sociedad, sobre todo después de la Segunda Guerra mundial, resulta irrisorio seguir conservando una norma que fortalezca un modelo patriarcal cada vez más borroso.

Por lo demás, conservar esta forma de nombrar a una persona resulta discriminatorio en el sentido en el que si la mujer y el hombre son iguales, si la mamá y el papá de un recién nacido son iguales y se encuentran en igualdad de derechos y obligaciones, anteponer el apellido del padre sobre el de la madre, no hace sino fortalecer la figura del padre en la relación familiar. Se podría argumentar ciertamente que el hecho de poner primero un apellido y luego otro no significa que el hombre esté por encima de la mujer o que tenga más derechos en la relación marital, sin embargo, atendiendo a las razones históricas que ya mencionamos parece que sí es una medida que fortalece este estereotipo. Por otro lado, también podría argumentarse que si el orden de los apellidos recalca la supremacía del primero sobre el segundo, poner el apellido materno antes que el paterno podría interpretarse como la primacía de la mujer sobre el hombre en la relación marital y en consecuencia el hombre podría alegar de igual forma una situación de desigualdad en la relación.

Contrario a estos argumentos, no creo que el orden de los apellidos deba entenderse como la supremacía de un padre sobre otro sino como una verdadera cuestión de igualdad en la conformación del nombre de una tercera persona, que por lo demás se trata del ejercicio del derecho que tienen ambos para nombrar a su hijo como más les plazca; pero dada la situación de que no exista uno de los progenitores, o se haya desentendido de sus obligaciones, como ocurrió en el caso de Puebla, sí creo que aquel que cría al menor le acompaña el derecho de ponerle primero su apellido

*Director del Departamento de Derecho, Relaciones Internacionales y ciencia Política del Tec de Monterrey Campus Puebla.

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