22 mayo 2019
El Popular

Stalingrado

Los Santa Anna

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / octubre . 15, 2016.

El general de división Antonio López de Santa Anna ocupó la presidencia de la República en seis ocasiones, la última de ellas (1853-1855). Santa Anna construyó un régimen despótico y autoritario. Cobijó de manera desmedida a sus favoritos, coartó las libertades ciudadanas, se rodeó de un boato propio de las monarquías europeas resucitando la Orden de Guadalupe creada durante el Imperio de Iturbide y para sí adoptó el título de Alteza Serenísima. En opinión de sus contemporáneos, en lugar de un gobierno, el general montó un inmenso carnaval.

Para sostener su tren de vida, cargó a los contribuyentes de impuestos exorbitantes. Además de restituir las alcabalas, decretó gravámenes sobre la propiedad y el trabajo y otros más extravagantes, exigiendo el pago de un peso mensual por cada perro. El incumplimiento era castigado con multas hasta de 20 pesos y la muerte del animal. Uno de los más recordados fue el impuesto que debía pagarse por cada puerta o ventana. Ante esto y más actos de corrupción e impunidad, el régimen de Santa Anna se convirtió en el gobierno de un hombre “poseído de algo como un delirio del poder”, que veía en cada individuo un conspirador y con esa óptica hizo de la persecución una forma de gobernar. Hasta que el tiempo y las necesidades del pueblo y una nueva era de liberales lo destierran.

Tuvo que pasar una guerra de Reforma, la invasión francesa, y luego de la llegada de Porfirio Díaz al poder, contando con una sarta de oportunistas llamados Los Científicos, quienes hicieron del país un emporio para unos cuantos, siendo la corrupción, el sello dorado, para culminar en la Revolución de 1910, para una vez más, el pueblo expulsa a Profirió Díaz.

Después de la Revolución, inspirados en una Carta Magna donde el sueño nacional trataba de fincar esperanzas de democracia (entiéndase que democracia no se limita al proceso electoral, sino a una vida digna con justicia). De inmediato, emergen los engendros de la corrupción, con la descomposición de la Revolución, siendo Lázaro Cárdenas, quien intentó corregir el rumbo para bien de la nación. Después, es otra historia que nos persigue y humilla.

Si culpamos a Luis Echeverría y a López Portillo de ser corruptos, se empequeñecen con la llegada de los neocientíficos desde Miguel de la Madrid y el gran maestro de dicho mal, Carlos Salinas de Gortari. Pero, gracias a un acto de gran impacto corrupto, la llamada alternancia con Vicente Fox, se va perfeccionando con Felipe Calderón. Hoy, mediante una falsa esperanza con Enrique Peña Nieto, la descomposición de la estabilidad nacional, raya en una severa crisis de gobierno, saturándose todos los niveles de gobierno federal como estatales de dicho mal.

La corrupción de la clase gobernante no es un asunto nuevo. En la historia de la Nueva España está confirmada la venalidad de los cargos públicos, es decir la compra de puestos de gobierno por particulares, quienes veían en dichas compras la oportunidad de enriquecerse.

La corrupción se multiplicó en el periodo neoliberal, al amparo de las privatizaciones que permitieron la acumulación de capitales con una facilidad no vista en décadas. Condición que es acompañada desde la alternancia. Como siempre, ante las protestas sociales de violar todos los derechos constitucionales, el poder se aplica mediante leyes bala, es decir, a base de represión, como forma de calmar protestas. La nación es una fosa común.

No creo que la Comisión Nacional Anticorrupción propuesta por Enrique Peña Nieto sea la solución. Todas las agencias y legislaciones anticorrupción han sido saltadas por los corruptos. Hasta ahora la astucia de los corruptos va por delante, muy delante, de la decencia en el ejercicio del poder público. Pocos, muy pocos, políticos corruptos están en la cárcel y, por el contrario, muchos servidores públicos exhiben sin pudor un nivel de vida que no se corresponde con sus ingresos públicos.

Dadas las evidencias, debemos admitir que la corrupción es una práctica consustancial al sistema político; es una práctica social orientada a la acumulación de capital por parte de sujetos que ven en el ejercicio de gobierno no el servicio a los demás, sino un modo oportuno y fácil de amasar fortuna.

Como manera de curarse en salud, la disque oposición, trata de hacer eco de reclamos sociales contra la mentada corrupción, principalmente Ricardo Anaya, quien levanta la voz, exigiendo se castigue al gobernador veracruzano Javier Duarte y a otros dos gobernadores priistas. Duarte no pudo evadir el peso de la crítica y emite su renuncia. Pronto, el líder priista Enrique Ochoa suspendió a Duarte sus derechos partidistas. De igual forma el PAN lo hace con Guillermo Padrés, exmandatario de Sonora acusado estatal y federalmente de corrupción.

Sin embargo, el problema es que tal parece que es boxeo de sombra, porque en las actuales leyes estatales y federales, tienen grandes vericuetos y túneles por donde los corruptos pueden evadir la justicia. El escupir al cielo, más de uno federal o estatal, saldría con el plumaje sucio, porque hay gobernadores que se asumen como los que transforman su estado, pero con similar actuación por la que es acusado Javier Duarte.

 

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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