18 julio 2019
El Popular

Stalingrado

Mala leche

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / octubre . 08, 2016.

El pueblo de México, ante cada elección, cualquiera que sea, es convocada a elegir a un representante. Sin embargo, hasta el momento, la anhelada democracia, no termina de llegar, cuando la impunidad y corrupción, viola la confianza y anhelos sociales, empeñándose en empañar toda ley, seguros de que son amos del poder, dejando en el camino las más sentidas aspiraciones de los mexicanos. No importa qué nombre se le bautice, ya sea transición o alternancia, ninguna es democrática.

La suma de mexicanos asesinados o desaparecidos, rebasa toda lógica, ya sea por parte del crimen organizado, o por oponerse a las injusticias, todas cuentan. En el entendido que desde el México del 68 a la fecha, por más que las autoridades tratan de borrar de la memoria una historia sangrienta, el dolor, coraje y rabia de cada padre de familia, hermanos, amigos y conocidos, como también de la sociedad, ante tal masacre, donde los cobardes se escudan en el poder; la historia no para ahí, porque continúa la patria bañándose de sangre, de lamentos y agonía de tantos que representan para el sistema enemigos de la democracia, por el simple hecho de pretender hacer valer una Constitución, que cada vez se aleja de sus principios, no por ella, sino por quienes detentan el poder, ya sea en y desde el Estado, como también de intereses económicos, quienes prefieren ir enterrando todo derecho social a una vida digna.

No está lejana la trágica tarde del 68, sigue presente y con más violencia, si nos situamos hace dos años en Iguala, donde 43 estudiantes normalistas fueron desaparecidos. Nuestras autoridades pregonan que fue el crimen organizado quienes se encargaron de dicho acto cruel; con el tiempo, toda verdad histórica que intentan sembrar como real, ha sido desmentida. Son tan torpes, que mientras enmarañan más los hechos, estos terminan por ir dejando al descubierto otra verdad histórica, cínica y ventajosa. Tal vez, busquen que el tiempo entierre la memoria, sin embargo, no contabilizan que la esperanza de los padres por encontrarlos vivos, aunado a una nación que se ha ido enterando del nivel de corrupción y crueldad con la que se manipula la ley para desviar el proceso de investigación, aunado a que a diario es el pueblo quien padece toda injusticia, la supuesta verdad es otra verdad, la del hambre de que los corruptos de y en el gobierno, como políticos y del poder económico, sean sometidos por una ley real, ética y con el peso rotundo de una moral del dolor.

Para los padres no hay marcha atrás. Entre ellos no existe cansancio por recorrer toda instancia para encontrar a sus hijos. Claro que ese andar, roba sueño, provoca hambre, mitiga el dolor, ante un coraje profundo por la pérdida de un hijo, con el ímpetu a cuestas de llegar a la verdad y no a la mentira. Una verdad que no sea contaminada por la impunidad. Lo cierto es que hasta el momento no se llega a respuestas contundentes. Mientras, el valor que se tiene como padre y madre, para el gobierno, carece de sentido y significado. Los hechos lo demuestran ante una sarta de simulaciones que no llegan a ningún lado.

La pregunta diaria es ¿a dónde se los llevaron? ¿qué hicieron con ellos?, no hay repuestas honestas, permanecen en un laberinto sin retorno ante dos años y cúmulo de expedientes, como un muro de las lamentaciones. Las declaraciones de los alumnos sobrevivientes, son marginadas y arrinconadas como meras anécdotas, sin embargo, si se leen con cuidado y valor de análisis reflexivo, son contundentes como de coraje, quienes relatan la crueldad con la que se actuó.

Entre muchas preguntas, resaltan dos ¿Por qué’ ¿Por qué los reprimieron de esa manera brutal? Sí, fue un acto de represión y de amenaza contra todo aquél que se atreva a exigir justicia y democracia. No hay explicación de tanta saña y violencia, como si viviéramos en un país donde una dictadura extermina a sus enemigos, el pueblo. La historia demuestra cómo el poder aniquila ciudadanos. Revisar con objetividad y coherencia nuestra historia, en cada página, hay actos similares, donde los autores de la crueldad son descubiertos y señalados, pero, lamentablemente, después de largo tiempo, muchos de ellos han muerto, otros, exonerados, otros más, siguen gozando de la impunidad, pero lo más lamentable, dentro de las entrañas del monstruo sanguinario. Se ríen de la ingenuidad del pueblo por exigir democracia, vida digna, salarios justos, educación de y para el pueblo. Palabras que carecen de sentido, porque los objetivos de nación, no coinciden con las de un pueblo con hambre de todo.

Exigimos justica contra un Pinochet y demás dictadores que masacraron sus pueblos; pero en el México neoliberal, saturado de plutocracia y cleptocracia, con cinismo, recurren a verdades históricas para evadir la realidad. Una nación que es despojada de su patrimonio, de su estabilidad, acorralando a los trabajadores a sobrevivir con salarios miserables, mientras que estos engordan burlándose de toda esperanza democrática. ¡Qué crueldad!

Puebla padece una ola de asesinatos de mujeres, donde el gobierno no encuentra una respuesta, evadiendo su responsabilidad, bajo un manto de inoperancia; recurriendo a supuestos legisladores para que sirvan de escudo redentor, pero con una falsa moral, como falsa responsabilidad en el Congreso. He ahí donde son todos mala leche; es más, agria y venenosa.

 

*Analista político y de prospectiva social

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx       

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