19 junio 2019
El Popular

Bregando

Una lección de vergüenza torera

Por Jaime OAXACA. / septiembre . 20, 2016.

¿Cada cuándo los seis toros de una corrida son ovacionados por su trapío?

¿Hace cuánto tiempo que no se intenta, desde el caballo, asesinar a un toro porque éste tiene trapío?

¿Hace cuánto tiempo no se ve una encerrona con seis auténticos toros?

Sergio Flores se encerró, literalmente, con seis toros de diferentes ganaderías. Fue una demostración de taurinísimo, autenticidad, honradez, vergüenza profesional, cualidades escasas en la fiesta mexicana.

Sergio, nacido hace 25 años en Apizaco, Tlaxcala, alternativa en septiembre hace 4 años en Bayona, Francia, decidió jugársela con Roberto Viezcas, su apoderado. El gesto y la gesta tuvieron lugar en La Ranchero Aguilar de Tlaxcala, el pasado 15 de septiembre.

Pudieron presentar tres y tres, como normalmente se hace; sin embargo no fue así, los toros de Juan José Julián Llaguno, San José, Xajay, Barralva, Los Encinos y La Joya, sin excepción, estuvieron bien presentados.

El comportamiento del público, que llenó tres cuartas partes de las localidades en la encerrona, ha sido sensacional, una conducta taurina durante la corrida. Respetuoso, guardando silencio cuando la situación lo ameritaba, no pidieron música sin ton ni son, ovacionaron el trapío y la suerte de varas, protestaron algún premio y pitaron lo que no les gustó.

Aquella frase que el toro pone a cada quien en su lugar, se comprobó en la encerrona. El toro serio, con trapío, que causa expectación, miedo, emoción, obliga al público a poner atención.

Si ese público tlaxcalteca siempre se comportara con la seriedad que mostró la semana pasada, seguramente los empresarios dejarían de burlarse del que paga boleto, como lo han hecho en las últimas cinco ferias del mes de noviembre.

Otro asunto destacable de Sergio Flores fue la forma en que se realizó la suerte de varas. Es muy común que cuando hay trapío, algunos matadores se alivian castigando en demasía a los burles en la suerte de varas. Los matadores ordenan a los picadores medio matar a los toros con una puya grande, antirreglamentaria y asesina conocida como la Leona. Los varilargueros no tienen empacho en cumplir órdenes y, prácticamente, dejan agonizando bureles después del puyazo.

En la encerrona se picó lo necesario, inclusive dio la impresión que algunos toros se fueron “crudos”. Las seis varas fueron ovacionadas en mayor o menor intensidad, todas fueron emocionantes porque el propio Sergio permitió que los toros fueran de largo al caballo. El puyazo de la tarde lo realizó Cruz Prado, una emocionante ejecución al cuarto, Clavillero de Barralva. Prado peleó con gallardía, fue ovacionado fuertemente. Por supuesto que hubo tumbos, desmontados, sobre todo hubo autenticidad.

De los seis brindis del diestro apizaquense, tres los realizó a niños. A los chavales de los dueños de Caparica, a José Francisco, nieto de El Cuixtle, ganadero Atlanga y al hijo de Beto, el guardaplaza.

Los toros estuvieron bien presentados pero malos comentó alguien. No comparto la opinión.

Eso que “los toros deben prestarse para el lucimiento”, parece una frase alcahueta, con que la prensa chayotera justifica a toreros que le entraron con su cuerno.

No son los toros, son los toreros quienes se tienen que lucir. Los toros salen a pelear por su vida, el que tiene que ponerle habilidad, técnica, valor para resolver los problemas de la lidia, es el diestro.

Sergio Flores fue capaz de lucirse con los seis toros. Aprovechó las pocas embestidas de un descastado, se lució con uno peligroso que jamás humilló y tiraba un derrote al final de la embestida, faena de aliño a un manso que huía, le sacó buenas tandas a uno que estaba lastimado de una pata, a otro le puso los muslos muy cerca de los pitones.

Los seis toros tuvieron comportamiento diferente, pero ninguno fue bobo. Sergio estuvo por encima de las condiciones de ellos; las dos orejas que cortó dicen muy poco de lo que pasó en el ruedo. El Joronguito, como le puso El Pana, dio muestra de una tauromaquia sólida, auténtica.

Otro asunto es que Sergio Flores y su administración pusieron el listón alto para los organizadores de la feria de Tlaxcala, no hay pretexto para engañar a la afición.

La encerrona de Sergio Flores aportó a la fiesta una lección de vergüenza torera.

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