17 julio 2019
El Popular

Stalingrado

Los demonios andan sueltos

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / septiembre . 17, 2016.

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos” ? Salvador Allende. Si bien es cierto que la frase del extinto presidente chileno, enmarca la historia de las naciones donde los pueblos, llegado el momento, levantan la mirada con coraje y gallardía, alzan la voz y se atreven a hablar, a expresar y exigir justicia, cuando quienes en el poder violan sistemáticamente todo derecho social y legal.

Recordemos. De 1855 a 1860, se dio el conflicto entre liberales y conservadores en México, es decir, las Leyes de Reforma contra santannistas y conservadores, donde se combatió los privilegios de las corporaciones de la Iglesia católica y el poder militar de Santa Anna. Benito Juárez fue el único triunfador de México, opositor al clero, pero nunca a Dios. Cabe aclarar que Juárez nunca estuvo en contra de la fe, estuvo en contra del poder que ejercía el clero sobre los mexicanos.

Es pertinente el ponderar que el clero, en nuestra historia, tuvo pocos elementos del lado del pueblo, defendiendo a una nación cuyo pueblo convoca a hacer historia, de ahí que Juárez dijo con razón ética: “Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar... La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”. Sí, a pesar del tiempo, la frase, se mantiene vigente, al grado de que tanto la ultraderecha oportunista como el clero conservador, siempre emergen del inframundo del infierno, para aprovecharse de momentos críticos en su eterno beneficio, jamás a favor de los motivos sociales, siendo así que, cuánta razón tiene Juárez a la fecha, porque lo que menos aprecian los citados cimarrones es este derecho a pensar, a educarse sin dogmas, para alcanzar una conciencia clara de lo que implican las libertades de un pueblo.

Durante el colonialismo europeo en el siglo XIX, al imponerse en Asia, África, etcétera, impusieron el sistema de explotación de sus pueblos, así como el robo y saqueo de sus riquezas naturales. En China, Inglaterra fue cruel. Para controlar al pueblo, se aprovechó de que una parte del pueblo consumía opio, crenado opiarios donde sometía y drogaba a miles de chinos, como manera de contención. En Europa, además de Inglaterra, otros países del viejo continente, distribuían a obreros y mineros opio, con el fin de que rindieran más en el trabajo, como también de controlar sus mentes al hacerlos adictos. Carlos Marx, en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, analiza dicho proceso, ampliándolo son el siguiente significado: “La miseria religiosa es a un tiempo expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado de cosas embrutecido. Es el opio del pueblo. Como se ve, el contexto donde encuadrar la crítica marxista a la religión es el de la realidad social. En Marx la cuestión de la religión está íntimamente ligada a la cuestión social. Marx, como Juárez, no se manifiestan contra la religión o Dios en sí, sino contra la Iglesia como institución, quien, en conjunto con el sistema capitalista, recurren al opio de la fe y de la droga como tal, para dogmatizar el pensamiento, alejando al pueblo de su realidad como también de reflexionar de las causas reales y profundas del sistema de explotación que padecen.

No pocos clérigos asumen el papel a lo dispuesto por Cristo; es decir, manifestarse contra quienes, en nombre de la fe, se hacen aliados de la explotación, siendo en Colombia, Camilo Torres, en Nicaragua con Ernesto Cardenal, en México, Sergio Méndez Arceo, Raúl Vera de Saltillo, entre otros más, siempre se han manifestado en contra de la violación y represión que padece el pueblo mexicano. Lamentablemente con la reforma a los artículos 24, 27 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en 1990, durante la dictablanda salinista, el clero adquiere ampliación de acción, es decir, desde las Leyes de Reforma a la Constitución del 17, se impuso un criterio de mantener controlada a la Iglesia de cualquier intención política.

Herencia que permite ir recobrando espacios alejados de Cristo, porque al alto clero, jamás participa de sus enseñanzas y si se apega como aliado de los distintos poderes, sobre todo de la burguesía. Es en cuanto que actualmente, marginan el negro historial de la Iglesia en el mundo y en México, caso, los Borgia. Dada la crisis política que padece la nación, emergen los diablos, contra la iniciativa presidencial de permitir el matrimonio entre personas del mismo género, donde salen del ataúd movimientos ultraconservadores, que siempre han causado males en todo orden. Desde el cardenal Norberto Rivera, quien, en otra ocasión, daremos cuenta, moviliza desde esas catacumbas, un movimiento en contra de dicha iniciativa a lo largo del país, violando la laicidad y democracia constitucional. Puebla de Zaragoza, que no de los Ángeles, es sometida al mismo mecanismo. Los pederastas, son cosa ajena a la razón. De ahí que los demonios andan sueltos. El opio, de momento sirve, ante tanto agravio que padece el pueblo.

Analista político y de prospectiva social

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

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