18 julio 2019
El Popular

Stalingrado

El vómito de la democracia

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / julio . 30, 2016.

Carlos Marx, en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, sentenció que: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa (…) Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a si libre albedrío, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”.

Marx redactó el documento, bajo una certera crítica a: “demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”, es decir, bajo un disfraz de acomodar el sentido de la democracia, el objetivo central fue el de aniquilar los elementos sociales, políticos e ideológicos de la Revolución Francesa, imponiéndose una nueva faceta de una burguesía radical y contraria al pueblo, cobijándose en una piel de oveja, sin dejar la de lobo.

Bonaparte aprovechó las intrigas y división entre los legisladores y el Estado, calculando el apetito por el poder, para corromper aún más al proceso político, sembrando de iniciativas sociales para que el pueblo lo viese como el salvador, pero en los hechos, manipuló los reclamos sociales de justicia, con el fin de empujarlos contra los enemigos de Bonaparte. Manipular su popularidad, aunado a provocar sus apariciones públicas, para dejar entre ver que él era el modernizador de la nación, a su vez, hacerse sentir como el salvador de la patria. En los hechos, se trató de un Golpe de Estado, con el fin de renacer en el César de Francia. El cesarismo motivó dar respuesta la burguesía más recalcitrante, para ir tejiendo la trama de menguar el proceso de cultura política del pueblo.

En México, desde los ochenta, una especie de Golpe de Estado se impuso, para dar pie al globalismo y neoliberalismo, por parte de césares tecnócratas, quienes se ha encargado de deteriorar, sustituir, deformar y castrar todos los derechos sociales, imponiendo TLC y diversos acuerdos internacionales bajo la batuta del FMI, de la OCDE, y de más intereses internacionales, al grado de que nuestra Constitución ya no es la original que dio pie a una soberanía que garantizaba que el pueblo gozase de beneficios, desde el laboral, salarial, educativo, cultural, productivo, etcétera. Hoy, dichos preceptos resultan extraños y encajonados por un “populismo”, porque los tecnócratas dictan que, para un México moderno, se requiere un desarrollo pleno y con garantías absolutas.

Los bienes nacionales energéticos, deben ser desmantelados, privatizándolos, para dar pie a dicha modernización. Entre ello, los servicios de salud y educación, son factor del desmantelamiento, en el entendido de que la educación debe ser alienada y mediatizada, para que el pasado no permita ir hilando cómo una historia social, bajo diversas presiones y condiciones de injusticia, convoca la conciencia e identidad de clase como de conciencia para emprender movimientos sociales que definan leyes a favor del pueblo y nación.

El bonapartismo está presente, en cuanto al desmantelamiento de la nación, con altos grados y métodos de represión; sembrando miedo y terror, para que la sociedad viva en la zozobra, incertidumbre y angustia; porque las condiciones de vida además de no dignas, están en la precariedad.

El cesarismo juega a la manipulación del discurso, porque, por un lado, difunde que dialoga con la CNTE para llegar a un acuerdo educativo, pero por el otro, convoca a los gobernadores para decir que, con todos ellos, el Estado impone su modelo educativo, es decir, una política educativa castrante y alienada. Desinformar, para sembrar incongruencias.

Algunos necios insisten en descalificar las demandas sociales, mismas que se traducen en lucha de clases, cuando son violentados nuestros derechos, siendo el dirigente, que no líder, del PAN, Ricardo Anaya, quien, en Chiapas, sentenció que: “Por eso estamos seguros de que el PRI en el 2018 se va a ir de Los Pinos. Y que la alternativa de cambio no debe ni puede ser el populismo destructor que representa Andrés Manuel López Obrador”, arremetió.

A su vez, descubre que aún, miles de personas viven en condiciones paupérrimas, duermen en la tierra, paredes de plástico y techos de lámina. Ante ello, dijo que son “dolorosas” las condiciones en la que viven muchos chiapanecos, por lo que “hay una deuda histórica enorme con el estado de Chiapas y con la gente de Chiapas”. También advirtió que se debe combatir la corrupción a fondo, entre otras ideas de cobertura de su falsa moral e hipocresía, en el entendido de que si dos administraciones federales panistas, no dieron resultados sociales y sí depredaron a la nación (Fox y Calderón), donde Anaya participó como diputado federal, ahora se siente extrañado y sorprendido de la cruda realidad.

Él, como otros panistas de nuevo cuño, no ven ni sienten a la democracia como parte de ir solucionando reclamos sociales, sino como un instrumento caníbal de satisfacer intereses personales y de grupo. Son los césares que han causado miles de muertos, desaparecidos y condiciones de precariedad de vida absurda. Son los vómitos de la dictadura perfecta, como dijera Vicente Fox.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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