17 agosto 2018
El Popular

Hoja por Hoja

¡Gracias, Croacia!

Por Mario DE VALDIVIA. / julio . 15, 2018.

Abrumados por meses de insufribles campañas electorales, los mexicanos esperábamos con ansia que éstas terminaran como también esperábamos con ansias el Campeonato Mundial de Futbol. Finalmente llegó la hora de votar, conocer los resultados y con ello fin de la estridencia electorera de los candidatos y partidos. Finalmente también se inició el campeonato y con éste la fallida esperanza de que la Selección Mexicana llegara por lo menos al “quinto juego”, algo que no ha ocurrido nunca, desde 1930 hasta la fecha: 88 años de esperanza inútil (como decía la vieja canción).

El triunfo frente a una disminuida Alemania hacía creer a muchos ingenuos y a muchos engañadores de la televisión, que México llegaría no sólo al quinto juego, sino a las mismísimas semifinales y en un descuido hasta ganar la copa FIFA.

Pero al despertar, el dinosaurio había desaparecido y en su lugar aparecía otro saurópsido (así se llaman científicamente) también de la era cuaternaria y el pueblo mexicano ahora que sufrir, como en tiempos de Echeverría, la absorción total de tiempos legales y de los otros en la televisión y en la radio, más los atormentadores memes y mensajes no deseados de amigos y enemigos, “fieles y infieles, o séase sarracenos”, como dijera Lucas Lucatero en la última grande del cine mexicano (Alfonso Arau en “El rincón de las vírgenes”).

No llegó México al quinto juego, verdad repetida en 16 mundiales. Pero a cambio de ello vimos en Rusia revelaciones futbolísticas realmente esperanzadoras, por la frescura del equipo de un país joven, Croacia, con sólo 26 años de vida independiente pero que ya ha llegado a cinco copas mundiales, siendo la primera en 1998 y en la cual llegó no sólo al quinto, sino hasta el séptimo juego, acreditándose el tercer lugar por la contundencia de su futbol y un verdadero espíritu de combate no visto en roedores de sinople (Ratones Verdes, dijo Manuel Seyde).

Croacia es un país chiquito, con un poco más de 4 millones de habitantes y con una superficie menor que Oaxaca o que Puebla. Croacia tiene un gran litoral en el Mar Adriático que es afluente el Mediterráneo; casi el 90% de su población es católica (romana 86% y ortodoxa 4%). Antes de independizarse pertenecía a la famosa Yugoslavia del mariscal Tito (Iosip Broz), que a la muerte de éste los 6 antiguos reinos que la formaban optaron por su independencia en medio de terribles guerras, migraciones, refugiados, “limpieza étnica” en Kosovo y desacuerdos políticos y religiosos. Croacia venía de sufrir mucho, pero se levantaba de las cenizas para ser ahora una de las pequeñas economías más pujantes de la Unión Europea y una estrella en el firmamento futbolístico.

Ha llegado hoy la selección croata de futbol a la final del campeonato. Su rival será la poderosa—en todos los sentidos—Francia, que ya fue campeón mundial en 1998 y 6 veces semifinalista. Los momios (no sabemos que sea, pero los periódicos lo dicen) favorecen a los franceses, cuya selección se integra principalmente por jugadores negros (o “afroeuropeos” por aquello de la corrección política) naturalizados o individuos de las antiguas colonias francesas en África. Los franceses blancos, salvo Griezman y uno que otro, sólo dominan políticamente, en el poder francés, en donde no se ven como en futbol, personas “de color” (como también se dice).

La joven Croacia (aunque fue reino desde el Medioevo), está dignamente representada en el balompié, cuya selección es dirigida por Zlato Dalic (impronunciable para nosotros, como toda la lengua croata), ferviente católico gracias a que en su país no se impone el “laicismo” como persecución religiosa, lleva un rosario en la mano e invoca a la Dios, la Virgen y los santos para dedicar y obtener sus rutilantes triunfos.

Esto se escribe un día antes del juego. A contrapelo de los comentaristas, Hoja por Hoja desea que Croacia gane, para demostrar al mundo que la libertad adquirida en la lucha, la verdadera independencia, la libertad de culto, la educación y la fe, pueden hacer lo que muchos grandotes no han logrado con demagogia.

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