16 julio 2018
El Popular

Invitado

La influencia del paradigma colonial en el proceso electoral

Por Patricia REYNA ONTIVEROS. / junio . 24, 2018.

¡Bendita noche de gloria
que así mi espíritu agitas,
bendita entre benditas
noche de la libertad!
Hora del triunfo en que el pueblo
vio al fin en su omnipotencia,
al sol de la independencia
rompiendo la oscuridad.

Manuel Acuña (fragmento)

Los prejuicios racistas y clasistas, vienen de una parte interna, de las entrañas,  del inconsciente  de nuestra personalidad, a través del cual expresamos lo que se sueña ser (en forma distorsionada), un rechazo por lo que no se quiere llegar a ser o peor aun lo que se niega ser.

Para el caso de México,  los prejuicios se han ido formando desde la Conquista y la idea preconcebida de nuestros conquistadores, como los fuertes, los ricos y los blancos, muchos historiadores relacionan estos prejuicios también la deidad de la mitología Azteca/Mexica, “Quetzalcóatl”, que asociaron los pueblos prehispánicos a la imagen de Hernán Cortés (el gran conquistador). El proceso de formación de un concepto o juicio sobre la belleza, el dinero y el poder está determinada por cuestiones históricas y son perversamente inculcadas. En términos psicológicos, son una actividad mental inconsciente que distorsiona la percepción de la realidad, desde un paradigma. Por esa razón,  a la mayoría de la gente le gusta husmear en la vida de los famosos, las monarquías gustan tanto a las personas porque ven ahí el sueño infiltrado de forma irresponsable desde nuestra niñez (los príncipes y princesas). La riqueza en el mundo ha sido acaparada desde todos los tiempos por los países arios,  los que han explotado a todo el mundo, los ingleses a los sudafricanos, a India y a las tribus norteamericanas; los españoles a los latinoamericanos, los holandeses y Francia a los africanos, entre otras potencias y colonias, llegando a extremos como los del “tercer Reich”, en Alemania, que aprovechando el terreno fértil causado por la república alemana surgida después de la primera guerra mundial, en la que la democracia era una mentira, la violencia de los grandes cárteles y la depresión económica dominaba todo el territorio alemán, triunfó por quince años el prejuicio y el racismo, cabe decir que una de las razones invocadas por el gobierno de Adolfo Hitler para suspender los derechos civiles fue “un esfuerzo por derrocar al comunismo”, “que hubiera hecho mucho daño a Alemania”.

La discriminación y los prejuicios que debieran ser expulsados de nuestra conciencia, ahí están, bien arraigados y permean también como un sinsentido en el ámbito político, tenemos ahí los que odian a Benito Juárez y pocos lo hacen de forma ilustrada y los que admiran al indio de Porfirio Díaz por llegar a donde llegó.

En nuestro país, la imagen del “bien parecido” “blanquito” y “rico” permea en gran parte de los electores, no importa lo que se diga de ellos de su moral o su historia, no es por eso que  son rechazados o aceptados, sino por prejuicios. Esta idea va acompañada con toda una idea distorsionada del poder,  muy fuerte en la mente de los ciudadanos, “el que no transa no avanza”, “claro, es rico porque roba y le va muy bien”. Si se es blanco y robas eres admirado, si eres indio y robas eres un naco. El moreno, indio y naco, este último término acuñado durante mucho tiempo en México, que de acuerdo a la RAE quizá del totonaco,  sinónimo de indio, (de los pueblos indígenas) que dicho sea de paso hemos discriminado durante siglos, precisamente por razones de etnia y económicas, y nadie quiere ser indígena, ni naco por supuesto. El diccionario de mexicanismos define el término como “algo o alguien que se percibe como vulgar, de mal gusto; sin urbanidad o civismo; de origen indígena, o de bajos recursos”. Desafortunadamente los rasgos indígenas coinciden con la pobreza y en México existen 60 millones de pobres, todo esto determinado desde la Colonia. Cambiar esa concepción,  requiere de una fuerte conciencia y recuperación de nuestra identidad nacional.

Es muy triste que varios de los millones de mexicanos pobres que existen en nuestro país y otros tantos que no son tan pobres, pero que se rajan el lomo 16 horas al día, para no ser extremadamente pobres,  tengan esta aberración inconsciente al cambio de esa concepción de la idea del poder tan arraigada y que no lo quieran y no porque que los cambios duelan.  Es increíble que nos sigan corriendo los prejuicios por la venas y que sean los muchos de origen humilde, los que rechacen a los de origen humilde.

No es posible que a más de quinientos años de la conquista española, ese prejuicio sea un factor de decisión política actual y de orientación del voto, ¿porque no buscar la disrupción de esa idea del poder y canalizarlo a la recuperación de una identidad nacional desde lo que somos?, tratar de quitar del inconsciente colectivo la idea preconcebida de ese poder que nunca nos ha beneficiado.

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