21 junio 2018
El Popular

Almadraba

Dudar de nosotros mismos

Por Acsel REYES. / junio . 12, 2018.

"Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo:

no es posible encender la vela que ilumine a nadie más."

Harold Bloom

En plena temporada de elecciones y de grupos políticos que presumen su concordancia como una vía para la unidad nacional, resulta imposible no reflexionar sobre los alcances de los individuos que enarbolan poseer las fórmulas o las vías necesarias para el bienestar social.

Igual que en la política, la lectura sin crítica y compresión, no es más que la narración de una fábula sin moraleja, como la música sin ritmo, armonía y lenguaje, no produce algo diferente que un ruido sin eco. Ante un escenario de propaganda, ataques y acomodo de las distintas fuerzas políticas según sus interés, es necesario cuestionarse sobre la legitimidad de un grupo de personas que por definición son finitos e imperfectos.

He notado, incluso, cómo los lectores más talentosos de mi generación, han sido consumidos por el desamparo y se han vuelto víctimas de una de los vicios más dañinos para un hombre de letras: encontrar una verdad absoluta. Ningún personaje es más digno de desconfianza que aquel convencido de sus argumentos y sus lecturas. Dudar, siempre llevará a enriquecer nuestra subjetividad. Así que, me resulta valioso hoy en día acudir al género del ensayo que tiene como base la digresión, que incita a la duda en lugar de otros géneros que tocan ámbitos proféticos. Lamentablemente en una era de pocos lectores y mucha demagogia, tanto la inopia como la arrogancia encuentran un estrecho margen entre ellos y sus extremos.

En las principales bibliotecas públicas, nos encontramos principalmente con filósofos europeos, lo cual nos invita a cuestionar si, además de la vida social, también nuestro pensamiento literario ha estado colonizado la mayoría del tiempo. Aunque, todas las teorías sociales y filosóficas periféricas orientales, latinoamericanas y de minorías resultan necesarias y enriquecedoras entre tanto parafernalia occidental que narra de diferente forma el rumbo en la vida del hombre desencantado, jamás podremos llegar a encontrar en ellas, la verdad absoluta, si no únicamente su otredad y un alfiler más entre las telarañas en las que nos encontramos presos.

La filosofía de la liberación (1977) de Enrique Dussel, como los principales libros del hombre nacido en Danzig, Arthur Schopenhauer (1788 - 1860) o Friedrich Nietzsche (1844 - 1900), por mencionar algunos ejemplos, debe despertarnos de la misma forma del letargo, sin diferenciación alguna. Confío y desconfío de todos por igual. Reflexiono sobre sus ideas, concuerdo con algunas, otras me parecen inviables, unas más poco útiles, pero siempre valiosas. Es decir, el hombre que busque alcanzar un poco de sabiduría debe aprender a escuchar, reflexionar y esperar que la comunicación con el resto de las personas, nos lleve a dudar de nuestras más profundas convicciones para evitar ser presa de la arrogancia.

El hombre socialmente responsable, no es aquel que en base al aislamiento construye un castillo de arena que se desplomará apenas entrando en él, si no aquel capaz de convivir con sus semejantes, aceptando las diferencias y buscando concordancias; deseando que nos hagan caer en contradicciones y podamos aprender algo de los demás. No existe idea de país ni sociedad posible, sino se da por descontado que el vecino es más importante que tú.

Por ello, a unos meses en que acudiremos a las urnas a ejercer nuestro voto por un grupo de individuos que pretenderán gobernar un país rico en sus diferencias, mantengamos nuestras expectativas sensatas, y desconfiemos de las intenciones de todo aquel que ha pasado por encima de los demás para lograr sus objetivos.

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