21 junio 2018
El Popular

Stalingrado

México: País tóxico VII

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / mayo . 26, 2018.

“Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres”

Emiliano Zapata

 

“Los hombres no son nada, los principios lo son todo”.

Benito Juárez

Retomando las últimas palabras de Salvador Allende, antes de morir, ante el golpe militar, auspiciado por EU: “La historia la hacen los pueblos”. No cabe duda que nuestro pueblo, cansado, agotado y humillado por décadas de ser sometido a una dinámica económica que lo limita y empobrece en sus derechos constitucionales, así como en su dignidad, sobre todo, con la llegada del neoliberalismo y tecnócratas que lo acompañan. La pobreza y marginación rayan en la pena máxima de ser un delito de lesa humanidad, porque entre ello, la represión, ejecuciones sumarias, desaparición de ciudadanos como de líderes sociales, de periodistas comprometidos en revelar la crueldad de un sistema que se cobija en el poder para cometer todo tipo de tropelías, son una realidad que el conjunto social está ansioso de hacer historia, de levantar su voz y atreverse a exigir el camino que le corresponde.

La marcha de los acontecimientos de tres décadas de tecnocracia, arrojan una nación en crisis, en toxicidad política, que deriva en una sociedad que ya no resiste más seguir estando en la trinchera, sin posibilidad de sentirse dueña de una nación, porque nos la han robado y vendido. Es así, que mientras Peña y su grupo están conspirando para ver cómo sabotean las próximas elecciones, tratando de derrotar a su máximo adversario López Obrador y en menor medida a Anaya, pues El Bronco es  palero puesto, creado y permitido con el claro objetivo de hacer triunfar a José Antonio Meade Kuribreña, porque estiman que con todas sus artimañas, no será posible repetir 1988 y 2006, donde el fraude fue impecable, en cuanto a que existía otra ciudadanía, que si bien enojada, no está a niveles de hartazgo. Vamos, si el rector de la Universidad de las Américas Puebla, Luis Ernesto Derbez Bautista, llega a la conclusión de que Ricardo Anaya ya no tiene oportunidad de ir más lejos por la candidatura a la presidencia de la República, en el momento que manifestó lo siguiente: “Yo creo que (Anaya) desperdició una gran oportunidad para convencer, le quedan 30 días (de campaña), ya no hay tiempo”, según lo dio a conocer en el portal ADN político.

Lo anterior, como reflexión de Derbez, luego del segundo debate, donde Anaya fue incapaz de, al menos, dejar huella contra Andrés Manuel. “Tuvo que haberse arriesgado muchísimo más, haber hecho propuestas mucho más audaces (…) no salir con obviedades como “yo también quiero subir el salario mínimo”. Francamente, creo que es una pérdida tremenda de tiempo. No escucha nada, no dice nada y, desde luego, da un poco de populismo que no deberíamos estar en este momento haciendo”. Enfatiza. “Creo que parte del problema es que él tiene como su estratega central a Jorge Castañeda (también canciller con Fox). Entonces, supongo que Jorge le dirá alguna cosa. No sé muy bien qué le estará diciendo, pero eso es lo que yo supongo”, agrega.

¿Cómo es que llegamos a este extremo? ¿Cuáles condiciones políticas se fueron presentando para que la mentada ‘Democracia’ no haya podido desarrollarse de su etapa fetal?

Precisamente, Enrique Peña Nieto, el 5 de abril de este año, dijo: “Hay algo que, a todos, absolutamente a todos los mexicanos, nos une y nos convoca: la certeza de que nada, ni nadie, está por encima de la dignidad de México”. Expresión, que en nada coincide con Emiliano Zapara ni Benito Juárez, al contrario, trata de esconder o evadir la realidad empañada en y durante su administración. Prueba fehaciente de que es la punta visible de la “Doctrina del Shock”, que, insisto, cumple 30 años.

Partamos desde esa distancia en años, siendo que Los Neoliberales, mejor conocidos en otras partes del mundo como neoconservadores o “neopols”, llegaron al poder en México tan temprano como en 1982. En ese entonces se les presentaba como tecnócratas, lo que era peyorativo, porque se les consideraba como insensibles, en comparación con los políticos, que de sensibles no tenían nada, pero que tenían maneras más sofisticadas para afectar a la gente. El tecnócrata imponía decisiones porque había determinado que era por el bien –muy lejano, por cierto– de todos, mientras que los políticos lo hacían en nombre de un diseño revolucionario que le daba esperanzas a la gente de que algún día la revolución les haría justicia.

Continuaremos.

 

*Analista político y de prospectiva social

Rodrigo.ivan@yahoo.com.mx          

 

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