25 mayo 2018
El Popular

El guajolote que lee

Una realidad pesada: La Poeta Gorda

Por Óscar ALARCÓN. / febrero . 12, 2018.

“Hay hombres que son plato fuerte y te dejan satisfecha; otros que sirven sólo de aperitivo”, le dice la Poeta Gorda a Luis Alberto Medina, el protagonista de la primera novela de José Luis Valencia, nacido en Guadalajara, Jalisco en 1977.

Hay personas que somos susceptibles a enamorarnos perdidamente de la pesadez de los cuerpos: son masa con forma, aquí una rodilla, allá las esferas circulares que bien miradas son las nalgas, más acá el abdomen abultado que de sólo mirarlo dan ganas de morderlo. La Poeta Gorda (Rayuela Editorial, 2014) es un deambular entre el tedio y la agilidad de los cuerpos: la pesadez y ligereza de las ideas. Es un ir y venir entre la poesía y el periodismo, entre el la abogacía y la bohemia, entre la banalidad y la responsabilidad.

 

 

La Poeta Gorda transcurre en Guadalajara, pero puede ocurrir en cualquier lugar donde haya escritores, periodistas, políticos y tráfico de influencias. Decir corrupción en los dos últimos temas mencionados es casi un pleonasmo, de los que duelen por su franqueza.

Medina–el protagonista de la historia– es un personaje pícaro, que vive entre la poesía y el periodismo; personaje inteligente, mordaz, mujeriego y decidido, pero fracasado en amores.

La Poeta Gorda abre una bolsa de papas con sabor a jalapeño y descubre al mundo: entra una fritura en la boca y ocurre una tormenta, mete una fritura más y se produce un temblor. Medina se enamora de la Poeta Gorda no por sus poemas–que rayan en la cursilería–, se enamora de la mujer sensible que huye con los infrarrealistas de Sonora: en pocas palabras, se enamora de unapersona.

Medina se ha enrolado en el bufete jurídico de un abogado mafioso y se vuelve su protegido. Puede escribir sobre cualquier cosa en uno de los periódicos patrocinados por el Licenciado, incluso en sus textos llega a retar al poder de su protector, sin querer. En un país donde la prensa ha dejado de leerse, ¿a quién podría importarle lo que se diga? Lo trascendental está en las traiciones. La lealtad debe ser inquebrantable, el orgullo no puede salir lastimado.

La Poeta Gorda es un fantasma que transita en las reuniones de “yuniors y jipis wanabís que buscaban derrocar al neoautomovilismo voraz para imponer la dictadura del bicicletariado.” Vive de fiesta en fiesta salvando al mundo, es zapatista, trotskista, defensora de las ciclovías y rollitos buena onda, causas a las que cualquiera puede suscribirse desde la comodidad de su teléfono inteligente. Se devora todos los días a Medina y a él no le queda más que refugiarse en los arquetipos viejos y gastados del mexicano herido: Pedro Infante y José Alfredo Jiménez.

La Poeta Gorda es una novela que critica a la glotonería del mundo literario que busca obtener reconocimiento inmediato, a los circuitos de arte, es una crítica a la búsqueda de ser alguien a pesar de la esterilidad del trabajo artístico: estar en las presentaciones de libros, inauguraciones de exposiciones sólo porque habrá bocadillos gratis.

La novela es una crítica a los sistemas corruptos de gobierno, le permite al lector echarle un ojo a algunos compadrazgos que se hacen entre el poder y la prensa. Y sobre todo, es una mirada de sinceridad al trabajo de muchos periodistas valientes de nuestro país, en donde ser honesto es saber que se corre el riesgo de ser aplastado por la ligereza y velocidaddel zumbido de una bala.

 

 

@metaoscar*

La Poeta Gorda, José Luis Valencia, Literatura Mexicana, Libros, Guadalajara

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