11 diciembre 2017
El Popular

La Moviola

Camino a Marte: se queda a media vía

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / diciembre . 06, 2017.

Receta para crear una película mediocre con aspiraciones festivaleras: en una pantalla mezcle al gusto Thelma & Louise (Ridley Scott, E.U./Francia, 1991), Mar adentro (Alejandro Amenábar, España/Francia/Italia, 2004) con Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, México, 2001), agregue Twist (Jan de Bont, E.U., 1996) para que espese. Fusione con una buena joven actriz, una actriz “X” y un pésimo actor, pero con taquilla. Una vez obtenida la masa, agregue generosamente K-Pax (Iain Softley, E.U./Alemania, 2001) a la mezcla, adicione con diálogos insípidos y deje cocer hasta el primer hervor. Retire y decore con fotografía hippster y una dirección snob y sírvala con una intensa campaña publicitaria. El resultado será Camino a Marte (México, 2017) de Humberto Hinojosa Ozcariz, un pretencioso road movie con Tessa Ia, Camila Sodi y Luis Gerardo Méndez, que se queda lastimosamente en el camino.

Hinojosa nos narra la historia de Emilia (Tessa Ia) quien padece una enfermedad terminal. Su amiga Violeta (Camila Sodi) la saca clandestinamente del hospital para cumplir su deseo de ir a una playa escondida. En el escape de las dos mujeres por carretera se topan con Mark (Luis Gerardo Méndez) un personaje extraño que dice ser un extraterrestre con la misión de destruir el planeta. Este recorrido ocurre en la península de Baja California que está amenazada con la entrada de un huracán. Esta película se presenta como ciencia ficción, lo cual sería otorgarle mucho crédito a sus escritores, pues no tiene elemento alguno de este género tan complejo que requiere mucho más que poner “extraterrestres” en el guion.

Es más fácil complicar las cosas que hacerlas simples. Escribir historias complicadas es precisamente lo que hacen los aficionados y los principiantes, especialmente cuando no tienen mucho que decir sobre el mundo y sus pesares. Ello se debe a la falta de experiencias de vida y a la reflexión de tales en la dimensión de lo humano. Por ello, estos insípidos narradores se alejan del relato al acudir a su fuente principal de conocimiento del mundo que en este caso es el cine mismo. Crear una película a partir de otras películas es lo que hace un fanático del cine y no un creador. Pensar que estas “influencias” no solamente no se reconocerán sino que además le darán la etiqueta de buen cine o de cine de arte para ganar algún festival es ser ingenuo.

Hinojosa no deja claro si habla en esta película de la eutanasia, de la libertad, del amor o de la fe. Su premisa es muy simplona y definitivamente no puede desarrollarla ya que carece de profundidad simbólica. Los personajes son superficiales, no tienen una biografía clara que les fortalezca. Lo peor de todo son los diálogos con pretensiones filosóficas, pero sin contenido que recuerdan las insulsas frases de las canciones de Ricardo Arjona. La dirección floja que busca poses solamente para intentar infructuosamente crear momentos memorables simplemente crea una barrera entre el filme y el sujeto que dirige. No se percibe intensión alguna detrás de la película lo cual la hace impersonal totalmente. Ello se nota en la actuación tan desganada con momentos telenovelescos que desaprovecha la capacidad que Tessa Ia ha mostrado en otros filmes. Nada que decir de Luis Gerardo Méndez, tan cuadrado como lo ha sido que no aporta mucho al sentido de la cinta. Camila Sodi simplemente pasa desapercibida, cambia constantemente de acento que impide definir a su personaje, tanto que debe hacer un desnudo, como casi siempre, para ganar algún crédito en este malogrado filme. Se nota en las actuaciones una lamentable improvisación como recurso a la falta de preparación y reflexión de la historia, responsabilidad del director, bueno, en este caso, irresponsabilidad.

Camino a Marte es la prueba de que el cine es más que seguir recetas a partir de otras películas y que requiere mucha preparación, reflexión y experiencia de vida. El cine es un medio para creadores, no para maquiladores. Es la diferencia entre ser cocinero y ser chef.

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