23 octubre 2017
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Blade Runner 2049: secuela triunfante del pesimismo

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / octubre . 11, 2017.

Es casi un sacrilegio atreverse a hacer una secuela de una película de culto. Es una arriesgada manera de declarar admiración por el genio creador de una obra maestra original, pero también una manera de cavar una tumba propia en el mundo cinematográfico. Así sucedió, por ejemplo con Peter Hyams al dirigir la secuela de 2001: A Space Odyssey, la magnífica obra de Stanley Kubrick. Después del patético intento de Hyams por querer desencriptar la cinta de Kubrik con 2010: The Year We Make Contact  y llevarla a un público consumidor de cine comercial, se dedicó a dirigir malas películas B.

No obstante lo arriesgado de la empresa, el director canadiense Denis Villeneuve se atrevió a ello y salió triunfante con Blade Runner 2049 (E.U./Reino Unido/Canadá, 2017) brillante continuación de Blade Runner (E.U./Hong Kong/Reino Unido, 1982) la cinta de Ridley Scott, y que mantiene la esencia pesimista del futuro de la cinta 35 años después. Pero algo más, aún se presenta la reflexión original, de forma aún más crítica, sobre la inhumanidad paulatina de un mundo altamente tecnologizado que podemos leer desde la novela corta ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K Dick (1928-1982) publicada en 1968, y en la que se basa la película original.

En 2049, en un mundo postapocalíptico, K (un excelente Ryan Gosling) es un Blade Runner, un agente/sicario que se dedica a cazar viejos modelos de replicantes, androides tan perfectos que se confunden con seres humanos, tan perfectos que se rebelan al mundo humano en busca de su propio destino. El hallazgo de los restos de un cadáver le lleva a encontrarse con Dekard (Harrison Ford) un Blade Runner retirado y aislado. Este encuentro le impulsa a tratar de descifrar lo ocurrido 30 años antes y con esto la búsqueda de la verdad sobre sí mismo y sobre el sistema que controla a ese mundo. Ello le hace cuestionar su propio ser y el sentido de mundo.

Con un impresionante tratamiento visual a cargo básicamente del veterano cinefotógrafo Roger Deakins, que genera sensaciones opresión, claustrofobia en espacios abiertos y depresión, fuertemente apuntaladas con el gran diseño sonoro y la maravillosa banda sonora, que en homenaje a Vangelis y la música electrónica, han creado Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch, Villeneuve reinterpreta a la obra tradicional sin traicionar a Scott, a la historia, a las situaciones ni a los personajes. El director canadiense aún plantea la cuestión del sentido de lo humano sin siquiera atreverse a responder, pero sí a dejar el planteamiento en la pantalla. ¿Qué nos hace humanos? El filósofo hispano-mexicano Eduardo Nicol plantea que el ser humano es ontológicamente insuficiente, de ahí la necesidad intrínseca de expresar surgiendo la consciencia de sí mismo, de su finitud y de su intrascendencia. Con ello genera relaciones con el otro en una búsqueda de sentido que le permita construir mundo para dejar huella. Converge Nicol con Derridá en este planteamiento.

Los viejos modelos de replicantes en Blade Runner están en búsqueda de sentido quizá debido a esa insuficiencia ontológica y al igual que Adán y Eva, se rebelan contra su creador para buscar su propio sentido. De forma semejante, los replicantes se han rebelado contra su creador. Así como Dios expulsó del Paraíso a Adán y a Eva, así los replicantes rebeldes son expulsados del mundo humano por los Blade Runners, como el arcángel San Uriel fue el encargado de expulsar del Edén a Adán y Eva. Esta analogía con el relato del Génesis bíblico nos permite cuestionar al hombre moderno, a la ciencia y a su soberbia creación que es la tecnología tratando de, quizá, emular a Dios e imponerse sobre la naturaleza.

Pero su creación, los replicantes, adquieren conciencia de sí y buscan emanciparse en búsqueda de sí mismos. Pero en ello, como el ser humano, el ente replicante comienza con ese gran vacío que es su propio ser, con esa insuficiencia ontológica que refiere Nicol. Vacío e insuficiencia que intentan compensar con la propia tecnología como la scort virtual que atinadamente Villeneuve propone en la imagen de la bellísima y amorosa Joi (la también hermosa Ana de Armas) que llena una oscura soledad en K, el replicante cazador de replicantes.

Vacío e insuficiencia visual y sonora, Villeneuve nos presenta para continuar con el pesimismo del mundo que los humanos, día a día, estamos destruyendo.

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