18 noviembre 2017
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Barry Seal, sólo en América: mercenarios y verdad

Por Noé IXBALANQUÉ BAUTISTA. / septiembre . 27, 2017.

En las charlas de café durante las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado se comentaba lo que era un secreto a voces: que la CIA estaba detrás de movimientos en contra de algunos gobiernos como el golpe de estado en Chile o el intento de derrocar al movimiento sandinista en Nicaragua. Hipótesis propia de las teorías de la conspiración debido a la dificultad para demostrar tal, pero que ahora tenemos una mejor perspectiva con la película Barry Seal, Sólo en América (American Made, EU, 2017) del director neoyorquino Doug Liman protagonizada por Tom Cruise, en uno de sus mejores papeles y lejos de las cintas de acción extrema donde le hemos visto estos últimos años.

Esta película está basada en hechos verídicos, cuya narrativa está recuperada de videocintas que el verdadero Barry Seal grabara como testimonio. Liman nos presenta a Seal (Tom Cruise), un experto piloto de la TWA cuyo trabajo le aburre tanto que a finales de la década de los 70 y como para tentar al destino, contrabandea habanos de Florida a Canadá. Ello llama la atención de la CIA como para contratarlo como un encubierto piloto de reconocimiento fotográfico en Centroamérica y con ello ayudar al gobierno norteamericano a derrocar a la insurgencia sandinista en Nicaragua, la inminente amenaza comunista en la región, a decir de la misma CIA. Ese trabajo es lo que él buscaba: aventura, emoción y… riqueza.

Y fue precisamente esta última la que lo llevó a ser el transportista aéreo del cártel de Medellín, con un entonces desconocido Pablo Escobar a la cabeza, junto con Jorge Ochoa (el poblano Alejandro Edda). Trabajaba entonces al mismo tiempo para la CIA y para el cártel de narcotráfico más poderoso de la región y, pese a todo, fueron trabajos compatibles. Tanto que la CIA le dio otra asignación: proveer de armas a los contras nicaragüenses y transportar a los EU a estos milicianos para ser entrenados por el ejército norteamericano, todo sin dejar de traficar con la droga, al contrario, apoyar con ese tráfico para vender más armas. Todo esto que parece una historia generada por una mente muy imaginativa fue real, de esas veces cuando la realidad supera a la ficción.

Tal vez políticamente incorrecta para el gobierno de Trump, la cinta de Liman desnuda la estrategia que los gobiernos de los Estados Unidos, especialmente los republicanos, para desmantelar los gobiernos de otros países que no le son afines e inclusive terminar con gobiernos considerados por ellos como enemigos. El director utiliza material original de la época de los presidentes Carter, Reagan y Bush padre, para contextualizar la parte geopolítica que rodea al caso de Seal y argumentar, ahora sí, con evidencias la intervención del gobierno norteamericano en la política interna de otros países para mover la balanza a favor de sus intereses.

Con un trabajo muy fino de fotografía a cargo de César Charlone, que intenta manifestar la textura de las épocas en evolución conforme la historia se desarrolla, Liman contiene su experiencia en cintas de acción como The bourne identity (EU/Alemania/República Checa, 2002) o Mr& Mrs. Smith (EU, 2005) para narrar con apego a la realidad una historia de aventuras y riesgo. Lo mismo sucede con Tom Cruise, que dejó a un lado papeles de hombre de acción y “galán” por el de un piloto real que, amante del riesgo, es la personificación del sueño americano, ese que carece de escrúpulos con tal de lograr la riqueza anhelada. Al final, se trata de un hábil piloto que con cierta inocencia, no toma partido por ningún bando siempre y cuando ello le genere una gran ganancia. Se trata de la historia de un piloto mercenario, de esos que pueden existir sólo en América.

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