23 octubre 2017
El Popular

Invitado

Mara es el momento

Por Mariya DIMOVA. / septiembre . 17, 2017.

A la familia y a los amigos de Mara, mis más sentidas condolencias.

Desde lejos, como profesora, ciudadana y mujer me uno al dolor que embarga esta tragedia.

Cuando conocí la noticia sobre el asesinato de la alumna Mara Castilla, sentí profunda tristeza e indignación. Es difícil hablar de lo que ocurrió desde una perspectiva académica, dado que impartí clases en salones llenos de jóvenes como Mara y que se trata del país que me recibió con tanto cariño y respeto hace tres años.

El violento asesinato de Mara y la indignación que causa, requiere acción ciudadana acompañada de análisis de fenómenos graves de orden social y político sobre cuales, como académicos, tenemos la responsabilidad de reflexionar. Cada quien tiene que hacer su parte en este problema tan profundo de desigualdad, violencia, impunidad e injusticia. En mi caso, como especialista en estudios europeos y ciencias sociales, trataré de ofrecer una perspectiva de género desde un punto de vista global.

En primer lugar, es necesario poner fin a los discursos que tratan de negar la gravedad y la dimensión de género en los casos de acoso, violación y feminicidios. Los términos “violencia de género” y “feminicidio” existen no para dar algún privilegio a las mujeres (¡créenme, nos hubiera gustado que no existiera la necesidad de usarlos!) para identificar el problema.

Desde el siglo 19 el autor francés Auguste Comte, uno de los padres de la sociología, pone las bases de las ciencias sociales según un principio muy simple y lógico: la sociedad, como el cuerpo humano o cualquier objeto de estudios de ciencias “duras” puede y debe ser analizada y estudiada desde una perspectiva científica con teorías y conceptos adecuados. Sin diagnosis, no se puede identificar tratamiento adecuado para solucionar los problemas complejos en una sociedad.

En Suiza trabajé con una pareja pakistaní, amenazada en su país de un “crimen de honor” (karokari) – otro concepto, designando crímenes justificados por parte del perpetrador en el nombre del honor de la familia. La pareja se refugió en Suiza porque la mujer no aceptó la decisión de su familia de casarse con un primo, por lo cual fue condenada a muerte por parte de un “jirga”, tribunal tribal compuesto de hombres miembros de su familia – padre, tíos, hermanos, primos. Las “sentencias” y los métodos son diferentes dentro de un espectro horrífico, en general ejecutadas en público: lapidación, ácido, estrangulación, combustión entre otros. Afortunadamente, la pareja logró escaparse con el apoyo de una ONG suiza y reconstruir su vida. La misma ONG tiene como misión específicamente ayudar a victimas de crimen de honor y este objetivo tan enfocado permite desarrollar conocimiento y experiencia para maximizar el éxito en su misión.

Destacar características especificas en los crímenes y actos de discriminación es indispensable para encontrar soluciones. Así, nombrar feminicidio al asesinato de Mara y al de otras mujeres que perdieron la vida en condiciones similares permite reconocer la dimensión de género en este crimen y planear una acción ciudadana y política adecuada. En este momento, aún no sabemos si el crimen se trató de una violación o era parte de una red de tráfico de mujeres ; es la responsabilidad de la Fiscalía General del Estado de Puebla identificar lo que pasó. En ambos casos, lo que es cierto, es que Mara hubiera vivido si fuera hombre y lo que hay que cambiar, además de la impunidad, es la cultura de género de los jóvenes hombres y mujeres y, sobre todo, el concepto del consentimiento. El consentimiento – no el alcohol, la ropa, la hora, el lugar – dan derecho a alguien más de pasar el limite de la intimidad.

Suecia es en Europa un país líder en materia de equidad de género; en primer lugar, porque su cultura y gracias al Estado de derecho que ahí prevalece, las mujeres se sienten en confianza para denunciar las agresiones sexuales. Segundo, el concepto de violación es muy amplio: Suecia penaliza la violación matrimonial desde 1965 (tener una relación comprometida con alguien no es equivalente a un derecho universal sobre el cuerpo de su pareja). Tercero, las violaciones se penalizan y registran por actos cometidos y no por casos, es decir, si un hombre viola a una mujer una vez a la semana durante seis meses, se cuenta cada acto y no solamente el caso como tal.

En México, la primera vez que escuché la palabra “feminazis,” como profesora y como ciudadana europea, me indignó profundamente que la única revolución que no hizo ningún muerto, el movimiento intelectual y ciudadano a favor del progreso social a través la equidad de género se asocie de alguna manera con la ideología más violenta que la humanidad ha conocido en su historia reciente. La equidad de género no es un juego a suma cero: lo que se da a las mujeres, se los quita a los hombres. Al contrario, en una sociedad sensible y preocupada por la desigualdad entre mujeres y hombres, todos salen ganadores: las familias, la economía, la seguridad, la ciencia, la cultura etc. Lo comprueba uno de los recursos más valiosos de datos sobre desigualdad de género, el Gender Gap Report de la organización internacional World Economic Forum.

Según su informe de 2016, los países con mejor índice de equidad entre hombres y mujeres en términos de participación política, acceso a la salud, educacióny oportunidades económicas son Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia, países con bajos niveles de desempleo, sistemas de educación avanzados, con muy bajos niveles de crimen organizado, violencia y corrupción.

Del otro extremo, los últimos en la lista son Yemen, Pakistán, Siria y Arabia Saudita, todos sufriendo guerras violentas y terrorismo. De hecho, cuando escucho los que critican a Mara por haber salido y tomado esta noche fatal, pienso en los yihadistas que cometieron los atentados en el club Bataclan, el estadio de futbol y los restaurantes en Francia y en el concierto de Ariana Grande en Manchester. Ellos también consideraban que tener la libertad de salir en la noche, ver un juego de futbol, tomar alcohol, escuchar la música de una mujer joven y atractiva, en otros términos DIVERTIRSE, como lo hizo Mara, era un justificante para perder la vida. Los talibanes que atacaron a Malala – la joven pakistaní premio Nobel que visitó México y habló con estudiantes del Tec de Monterrey solo ocho días antes la muerte de Mara – lo hicieron porque querían quitarle la libertad de ir a la escuela y la libertad de vivir como sus compañeros hombres. Malala justificó su activismo de equidad de género y educación así: “No cuento mi historia porque es única. La cuento, por que no lo es!”. Esta frase refleja por qué la tragedia de Mara es el momento de organizar una acción ciudadana y política para exigir un estado de derecho y equidad de género.

Es el momento de recordar que la educación sobre la equidad de género es la responsabilidad de todos: la familia, la escuela, la iglesia, la universidad, la empresa, el gobierno. No son las instituciones que nos están formando. Nosotros formamos las instituciones, así que es nuestra responsabilidad  promover la cultura de la equidad y el respeto y tomar las medidas adecuadas. Cancelar el servicio Cabify no hará la ciudad más segura. Al contrario: los datos conseguidos sobre la identidad del chofer que está implicado en el crimen se consiguieron gracias a la aplicación.

Sin embargo, las estructuras corporativas y sobre todo las empresas tecnológicas que cuentan con especialistas de responsabilidad corporativa y políticas publicas y pretenden revolucionar el transporte publico no pueden negar su responsabilidad en el tema de la seguridad y la violencia de género. Es muy valioso tener la posibilidad de identificar el chofer gracias a la tecnología,pero en un país donde las mujeres son la mayoría de la población y casi todas dicen haber sufrido algún tipo de agresión en transporte publico (74% dicen haber recibido comentarios de carácter sexual, 58% contacto físico no deseado, 14% abuso o violación según INEGI) no implementar políticas con enfoque de género (como capacitación de choferes, mecanismos para denunciar agresiones, más mujeres conductoras entre otros) es una falla enorme. La responsabilidad ahora está en las manos de todos, menos las de la victima. Su tragedia nos deja con dolor y también con mucho trabajo.

Mariya Dimova

Profesora Extranjera Visitante (2015-2016)

Tecnológico de Monterrey, Campus Puebla y Ciudad de México

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