24 junio 2018
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La Vecindad

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Por Redacción. / septiembre . 01, 2017.

RAFAEL MORENO Valle Rosas dice que no conoce a quienes lo acusan de haber espiado a todo aquél que le diera la gana, como el presidente Enrique Peña Nieto; el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y el presidente del PAN, Ricardo Anaya Cortés. ¿Alguien en su sano juicio pensó que lo reconocería?

Sabemos que el espionaje no se castiga en este país. En el estado de Puebla se tiene el caso de las conversaciones que tuvieron Mario Marín Torres y el empresario Kamel Nacif Borge cuando este último ordenó al entonces gobernador priista que procediera en contra de Lidya Cacho. Fueron grabados porque fueron espiados.

Otro ejemplo de que nada pasa: la senadora Layda Sansores en 1998 denunció que fue víctima de espionaje en Campeche y hace dos días, de acuerdo con nota de Proceso, dijo que “insólitamente” la investigación se prolongó 19 años y “se perfila para batir un récord” entre los expedientes judiciales a los que más largas se les ha dado.

Caben algunas preguntas: ¿a quién benefician las denuncias por espionaje hechas en contra más de Moreno Valle que de Eukid Castañón?, ¿a quién le conviene que se fracture el morenovallismo?, ¿quién gana con el debilitamiento no sólo de ese grupo sino de priistas y pseudoperiodistas?

Si el exgobernador de Puebla ya tenía perdida la candidatura de su partido a la presidencia de la República, ¿a quién afectan las acusaciones de que en Puebla fue él y sólo él el responsable del espionaje?, ¿para quién o quiénes son ahora un lastre sus aspiraciones presidenciales?

En febrero de 2006 un reportero preguntaba a Marín si renunciaría como gobernador por su complicidad con Kamel Nacif. Él respondió: “— ¡No, hombre! No tanto que tenga que renunciar, ¡primero que se pruebe!, pero no puedes tú ponerme (...) no, no, la renuncia no se da por chismes, compañero; la renuncia tiene que hacerse cuando haya causas, ¿eh?, graves que lo ameriten.”

Es por eso, porque nada pasa en los casos de espionaje, que Moreno Valle Rosas pidió a la PGR que lo investigue en torno de la presunta red de espionaje denunciada por Miguel Barbosa Huerta y su cuñado Fernando Manzanilla Prieto. El procurador Raúl Cervantes, además, está más preocupado en ser fiscal que en el espionaje en Puebla.

EL MÚSCULO que ha mostrado Andrés Manuel López Obrador en Puebla, vía Miguel Barbosa, es un aviso de que está preparado, de que viene dispuesto a ganar la presidencia de la República y que esta vez sí tiene cómo torpedear eso que él llama la mafia en el poder. Comenzó por dañar la línea de flotación de Moreno Valle.

Sus señales vienen en dos sentidos: se deshizo del cuestionadísimo Ricardo Monreal Ávila en la Ciudad de México, y en contra parte, busca rodearse de personas con prestigio como Claudia Sheinbaum Pardo, también en la Ciudad de México y, en Puebla, Enrique Cárdenas. ¿Le funcionará la estrategia?

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