18 agosto 2017
El Popular

Stalingrado

Entre cielo e infierno

Por Rodrigo ROSALES ESCALONA. / agosto . 12, 2017.

México se debate entre cielo e infierno, ante el mar de corrupción con el que actúan funcionarios de todo tipo, ya sean federales, estatales y legisladores, quienes se amparan en la impunidad, en no ser inhabilitados: en sí, tener el poder en sus manos, dejando a las leyes y al pueblo, en el infierno de la injusticia.

¿De qué nos sirven los partidos políticos? Difícil como complicada respuesta en esta especie de país, donde todos los partidos políticos carecen de moral como de vergüenza, porque dejaron en el camino sus principios ideológicos y doctrinarios para hacer alianzas de intereses y seguir medrando los recursos públicos en su beneficio, jamás de y para el pueblo. Debemos imponer las leyes contra los criminales de cuello blanco, quitándoles el fuero, para que estemos de igual a igual.

El partido que cree en las personas, pero que cree en las personas en serio, empoderándolas no para vivir haciendo denuncias, sino que para hacerse cargo de su destino con herramientas que le den verdadera libertad y verdadera conciencia de sus actos, para que, a través de sus propias acciones, cada persona se convierta en un agente de cambio positivo que construya un México más justo, sustentable y feliz.

Un partido que convoque a todos quienes quieren desarrollar una vida con sentido, buscando la virtud y el crecimiento, tanto personal como social. Una vida con significado, en que los esfuerzos individuales rindan frutos y aporten a un esfuerzo colectivo por la construcción de un mundo mejor para cada persona, su familia, sus seres queridos, la sociedad, el país. A personas que entiendan que el sistema, el mercado y la economía son la suma de nuestras acciones, es decir, que su resultado es el reflejo de lo que somos nosotros, por lo que, si no partimos por cambiar nosotros como personas, las cosas no van a cambiar.

Por lo mismo, un partido que no segrega ni separa entre buenos y malos, que no genera odios ni monstruos ficticios, sino que se preocupa de ser siempre de proposición y nunca de oposición, que entiende que la revolución es intentar mejorar uno mismo para que otros también lo hagan, es decir, que el cambio parte por ti.

Si queremos realmente que la gente que vale la pena llegue al gobierno, tenemos que empezar a exigir democracia a los políticos. Y no se trata de creerles todo, ni de aceptar genuflexión cualquier cosa, pero tenemos que empezar a informarnos mejor, más desprejuiciadamente. Tenemos que dejar esa desconfianza patológica, esa fobia atávica que sentimos hacia los políticos y empezar a actuar un poco más racionalmente, más comprensivamente, ya que, a fin de cuentas, si queremos convocar a los mejores, tenemos que empezar por ser mejores nosotros.

El problema actual es que ese ideal no existe, porque los mismos, son un instrumento de hacerse del poder; ya en él, hacen de la riqueza nacional un emporio de unos cuantos, quienes dejan en el desamparo, miseria y pobreza a millones de mexicanos. No es posible que, gracias al poder, existan los Duarte, los Moreira, los Yarrington, los Moreno Valle.

Mientras la corrupción es la conducta purulenta que la democracia no puede quitarse de encima. Que la seducción por el dinero fácil es un signo de los tiempos que alienta el narcotráfico, el tráfico de inmigrantes y la prostitución infantil trasnacional, lo mismo que el robo a gran escala en las esferas gubernamentales. Tentáculos  todos del crimen organizado.

Que esta pasión por el enriquecimiento ilícito acompaña a los políticos al entrar en los palacios presidenciales, en los despachos ministeriales y en los parlamentos, ya inscrita en su código de conducta la ambición por hacerse millonarios, o aún más millonarios de lo que ya son, a costillas de quienes terminan cargando con sus desmanes y delirios: los contribuyentes de todo tamaño, los que pagan cumplidamente sus impuestos.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social

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