22 octubre 2017
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"El piropo cada vez es más agresivo"

Por Elena DOMÍNGUEZ |

Para la especialista Josefina Manjarrez, hay renuencia para aceptar la igualdad; ante la violencia, le preocupa la poca aplicación de la ley

Karen ROJAS | La experta de la FFyL de la BUAP define al acoso callejero como una práctica violenta que está normalizada.

Pareciera que la violencia contra la mujer tiene su origen en la trasgresión de los esquemas, el atreverse a salir, a tener una profesión, a trabajar, a ganar más. Las costumbres de caballerosidad se trasformaron y ahora que se promueve la igualdad, hay manifestaciones de agresión de todo tipo, las más comunes e invisibles, son las que se presentan en el espacio público, como el acoso callejero.  

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Para la doctora Josefina Manjarrez Rosas, encargada del Centro de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), es necesario visibilizar el problema y apostarle a la trasformación cultural, pues hay resistencia por parte del género masculino para aceptar una verdadera igualdad, incluso hacerles ver que las mujeres no quieren ser agredidas.

-¿Cómo define el acoso callejero?

“Es una práctica violenta que tiene connotación sexual y obviamente afecta a todas las mujeres, de todas las condiciones, de todas clases sociales, es un problema muy grave que desafortunadamente está normalizado. Muchos creen que hasta es una prerrogativa del varón, antes se veía como un modo de reconocer algún atributo de las mujeres, era, por decirlo así, algo bonito, pero se fue desvirtuando a algo agresivo, de todas maneras tampoco me parece que el piropo sea aceptable pero es una práctica que se ha transformado y cada vez es más agresiva”.

-Al ser un fenómeno normalizado que no es visto como una manifestación de violencia ¿debería atenderse con prontitud?

“Definitivamente sí, todos los días las mujeres en el espacio público, en el transporte, en la calle, estamos recibiendo estas agresiones y algunas nos sentimos incómodas, los hombres hacen eso porque piensan que está bien, que es normal. El problema es la violencia, a pesar de que el país ha firmado miles de convenios internacionales, tenemos la Ley de Acceso a una Vida Libre de Violencia y están creando leyes para generar espacios de convivencia, en el caso del acoso callejero no se ha trabajado mucho. Con todas estas denuncias se busca que se visibilice el tema y ha habido diálogos que están llegando a las legislaturas no sólo federales sino locales, se podría hacer algo ya, pero aun así me preocupa porque podemos tener marcos legales muy bonitos, pero no hay una aplicación de la ley.

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-En el estado de Puebla se presentó una iniciativa para tipificar el acoso callejero ¿esto es suficiente? ¿Qué más se puede hacer para atacar esta problemática?

“Todas las iniciativas de ley son buenas pero no son suficientes en lo absoluto y en nuestro país está demostrado, tenemos un marco legal muy bueno en muchos aspectos pero a la hora de hacer una política, de aplicar una ley, no se logra. Por ejemplo, no se prevé la denuncia, si llega alguien que te toca o te dice algo obsceno, es su palabra contra la tuya, nuestra justicia pide evidencias y eso es un problema. Hay que apostarle más a la transformación cultural, para lograr la igualdad y transformar los estereotipos, que no nos vean como objetos sexuales, vulnerables o débiles para ejercer poder sobre nosotras.

 

Las pláticas de sensibilización no son suficientes, en el Centro de Género hemos dado diplomados a funcionarios públicos para desestructurar sus creencias y cuando pensamos que logramos un avance, otra vez tienen conductas machistas, debemos empezar desde arriba a transversalizar la perspectiva de género, con educación, porque tenemos muchos problemas de violencia que llegan al feminicidio.

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-Algunos toman muy a la ligera o con extremismo este tipo de agresiones ¿qué se podría hacer en ese sentido para lograr un punto de equilibrio?

“Lo más difícil es contar con la voluntad de las personas, que los agresores reconozcan que están haciendo mal en violentarnos. Como mujeres vamos conociendo las desigualdades y las injusticias y cuando trabajas la teoría feminista el mundo cambia, pero eso es a largo plazo, mientras tanto lo normalizamos, hasta el momento que nos empiezan a pasar cosas. Hay hombres que dicen estar a favor de las mujeres, pero contra-argumentan todo, o no hacen algo cuando sus amigos o conocidos ejercen violencia de género, entonces están avalando la conducta, necesitamos que ellos sean sensibles y creo que eso no lo hemos logrado”.

-El rechazo de la igualdad de género ¿es una causa para que se incremente la violencia sexual?, ¿así lo reflejan las cifras?

“Tengo varias hipótesis, son dos fenómenos. Uno, que sí se está visibilizando el tema y antes no, estaba ahí la violencia y nadie hacía nada, se quedaba en el ámbito privado, entonces desde que el feminismo habló que lo personal es lo político, entonces empiezan a visibilizarse muchas cosas que estaban en la intimidad, ahora hay más sensibilización sobre los temas, por eso se habla más sobre ellos. Pero creo que siempre ha habido, los contextos son diferentes, una vez estuve haciendo una investigación, revisando los diarios de los años cincuenta y la nota roja era sobre violencia contra las mujeres, estaba ahí, no feminicidios como lo vemos ahora, pero sí que el marido golpeó a la esposa, los secuestros a la novia, las violaciones. La otra cuestión es el tejido social que se está desestructurando, tiene que ver con el liberalismo, con el narcotráfico, con el contexto de violencia sistémica, entonces eso potencia el tema”.

-¿Podríamos decir que la violencia sexual no se incrementó pero sí el número de denuncias y eso está haciendo más visible el problema?

“El observatorio nacional hizo un estudio, desde los 90 se empezó a ver el problema en Juárez y buscaron cifras reales, entonces ellos usaron sus números porque los ministerios públicos no hacen bien el levantamiento de cifras. Por lo menos de los 90 para acá sí ha habido un aumento de feminicidios, pero no podemos comparar con épocas anteriores porque no hay cifras. El contexto en el que vivimos está provocando más violencia, antes las condiciones eran de desigualdad pero había un freno: ‘a la mujer no se le toca con el pétalo de una rosa’, pero ahora no, eso se perdió totalmente, quizá haya sido positiva esa caballerosidad y el respeto, pero eso ya no existe.

Hay la idea de que las mujeres se están atreviendo a trasgredir los esquemas, parece un castigo por atreverse a salir de noche, por atreverse a trabajar, por atreverse a ganar más, por levantar la voz, por salirse del huacal. Se cree que si te quedas en casa estás protegida, esa expresión de ‘¿por qué tan solita?’ No necesitamos estar con alguien, no necesitamos caminar con un hombre por la calle o por la noche, si lo haces, eres objeto de ataques y no queremos ser atacadas, tocadas o piropeadas”.

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