24 mayo 2017
El Popular

Alquimia de poder

El Nobel Migrante

Por Ruby SORIANO. / marzo . 20, 2017.

En tiempos donde la xenofobia, discriminación, racismo y misoginia se han convertido en la bandera de algunos gobiernos como el de Donald Trump, resulta positivo enterarnos que el Comité Noruego para la entrega del Nobel de la Paz, aceptó la postulación de un mexicano a esa condecoración. Se trata del sacerdote José Solalinde, un personaje entrañable cuyo trabajo no ha necesitado reflectores para evidenciar su gran labor en pro de migrantes tanto mexicanos como centroamericanos.

La valentía de Solalinde está probada, cuando a pesar de recibir amenazas del crimen organizado y de los propios gobiernos, se ha mantenido firme para ayudar dentro de sus posibilidades a cientos de hombres y mujeres que han sido cobijados por una noche, días o semanas en su albergue. La presencia de Solalinde se caracteriza por la solidaridad, la ayuda y la protección de cientos de vidas que corren riesgos al cruzar territorio nacional.

La postulación de Solalinde la celebro por admirar su trabajo y fuerza para mantenerse firme en sus opiniones y convicciones.

En momentos donde México atraviesa su peor momento en cuestiones de corrupción, violencia, falta de credibilidad hacia gobiernos y crisis migratoria, Solalinde puede sumar con su voz esas opiniones que hacen falta ser escuchadas en tribunas internacionales, independientemente de premios o preseas.

Después de un pequeño exilio forzado debido a las constantes amenazas de organizaciones delictivas y gobiernos incómodos, el Padre Solalinde retornó a México para seguir trabajando en favor de todos aquellos que diariamente pasan por Ixtepec, Oaxaca, cargando mil sueños y enfrentando vicisitudes con la sola finalidad de hallar esa mejor vida que no tuvieron en sus lugares de origen.

El albergue Hermanos del Camino en Oaxaca podría dar fe de miles de historias; algunas exitosas, otras tal vez concluidas en tragedia, pero todas con esa marca inexorable de los migrantes que ante lo desconocido, toman riesgos y cargan pasado, presente y porvenir en una pequeña mochila a veces vacía y otras llena de la pobreza que no han podido superar ni olvidar.

Conociendo el espíritu humanitario de este hombre que más allá de su investidura religiosa es un activista que denuncia y dice las cosas como las ve y las vive, le den o no el Nobel, el mejor premio es el reconocimiento de cientos de migrantes que han podido salvar la vida gracias al resguardo y ayuda de un hombre que sigue trabajando por el sólo hecho de ayudar a migrantes.

“El mayor desafío que tengo que superar es el de la intimidación, el acoso y la falta de respeto constantes de personas que no quieren que lleve a cabo mi labor de ayuda a los migrantes. Muchas autoridades locales, bandas de delincuentes y traficantes de droga quieren librarse de los defensores de los Derechos Humanos.”

Padre Solalinde, octubre  2009.

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