18 noviembre 2017
El Popular

Invitado

Adiós al trabajo

Por Mario de MARCHIS. / febrero . 10, 2017.

El trabajo es el único capital no sujeto a quiebras
Jean de La Fontaine

Se narra una anécdota, probablemente falsa, pero por eso, paradójicamente, más verdadera e interesante, que un día Henry Ford II y Walter Reuman, el jefe del Sindicato de los Trabajadores de la Industria Automotriz, caminaban conociendo una planta recientemente mecanizada. El primero de ellos, medio en broma y de forma provocadora, comentó: “Walter, y ahora, ¿cómo lograrás que estos robots paguen tus cuotas sindicales?” y recibió la cortante respuesta del líder obrero: “Henry, ¿cómo vas a hacer tú para convencerlo que compren tus coches?”

Todo apunta a que contrariamente a la opinión de La Fontaine, que abre el artículo, estamos asistiendo al principio del “fin del trabajo”, debido a la última ola de automatización que las nuevas tecnologías informáticas están provocando, y a diferencia de lo que sucedió en la Revolución Industrial, las nuevas industrias no están casi creando nuevos trabajos, pero se estima hoy que, en menos de 20 años, más del 70 por ciento de los trabajos actuales, desaparecerán. Por esto Trump ganó las elecciones. Consideren que en 1992, de todo el consumo de los estadounidenses, 5 por ciento de los hogares más ricos, representaba 27 por ciento; veinte años después era el 38 por ciento, mientras el consumo de 80 por ciento más pobre del país, había disminuido de 47 a 39 por ciento. La clase media de USA y de Europa está desapareciendo y el Sr. Trump capta este malestar y este descontento, pero proporciona una solución incorrecta e imposible. El genial Paco Calderón lo captó perfectamente en una de sus caricaturas de la semana pasada:

Todos los procesos industriales se están robotizando, y no sólo en los países ricos, sino también en China y en la India. Las impresoras 3D, son cada vez más versátiles e imprimen desde un ala de avión, aun órgano humano y hasta la piel para personas que presentan quemaduras en el cuerpo. Sin embargo, lo más preocupante, es que la tecnología también ha empezado a sustituir a los llamados “trabajadores del conocimiento”.

La semana pasada escuchaba una discusión en Italia, donde un sindicalista peleaba para que en los Call Center, dieran trabajos de tiempo completo, con prestaciones y seguros, sin darse cuenta que en menos de 5 años, no habrá ningún humano trabajando en un Call Center, sino “Alice”, un algoritmo cognitivo que no sólo aprende, sino que puede distinguir por el tono de la voz, las emociones del humano que pregunta y se adapta a consecuencia. Lo pueden ver aquí:

En Londres, hasta hace unos años, los taxistas tenían que aprender de memoria todas las calles de la ciudad, una habilidad que modificaba el hipocampo de sus cerebros, al tener que memorizar tanta información; sin embargo, hoy, en un GPS, puedes encontrar cualquier dirección y mañana, un coche autónomo de UBER o su equivalente, llegará a recogerlos sin necesidad de chofer.

¿Qué harán los millones de taxistas y transportistas? Watson, el programa de Inteligencia Artificial de IBM que diagnostica enfermedades, analizando la base de datos de la Organización Mundial de la Salud, es mucho más preciso que cualquier médico del mejor centro de investigaciones del mundo. Por otro lado, cuando Google compró Youtube en el 2007, pagó 1,650 millones de dólares por una empresa que tenía 65 empleados. En febrero del 2014 Facebook compró WhatsApp por la estratosférica cantidad de 19,000 millones de dólares, en ese momento la empresa contaba con 55 empleados. El gran problema es que los robots “no compran coches”, ni servicios, ni viajan, ni generan ingresos por turismo, es decir, sólo los humanos compramos productos y 200 multimillonarios, como en la película Elyseum, no forman una demanda suficiente a mantener funcionando una gran economía.

¿Cuál será la solución?

Ya en muchos países se analiza de proveer a los ciudadanos de un “ingreso mínimo garantizado”, sin necesidad de trabajar, recibirán dinero para poder gastar y formar un mercado. El año pasado ya se hizo un referéndum en Suiza, para aprobar un “Ingreso de Base Incondicionado”, de 2,250 euro mensuales para adultos y 560 para niño, por todo el arco de la vida, y fue rechazado por 78 por ciento de la población helvética.

Muchos lo rechazaron, no queriendo personas flojas, que viviesen a expensa de la comunidad que los mantuviera. Sin embargo, en pocos años, cuando desaparecerá el trabajo, será la única solución posible. Y ahora, la pregunta central: ¿puede un hombre vivir toda su vida sin trabajar ni siquiera una hora? ¿Qué hará con tanto tiempo libre? Sin tener la maldición bíblica de “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente”, que incumbió sobre la humanidad desde siempre, ahora podremos tener hasta un filete o una angosta sin sudor: ¿Será un regreso al Paraíso Terrenal o la creación de un Infierno en la Tierra?

mariodemarchisp@gmail.com

Te puede interesar